Uno lee libros por diversas razones, para asombrarse es una de ellas. Lo que siguen son asombros provocados por los libros que leo.
La represión franquista
“El régimen franquista utilizó la represión no solo para castigar a sus enemigos políticos, sino también para reconfigurar desde sus cimientos las estructuras económicas, culturales y sociales del país. Para conseguirlo, se valió de armas tan efectivas como la coerción y el miedo, aplicadas tanto en su forma más brutal –ejecuciones, encarcelamientos, persecuciones– como en mecanismos más sutiles –censura, adoctrinamiento–. Por eso, entender la represión franquista implica ir más allá de las imágenes más evidentes de violencia que solemos imaginar al pensar en ese período. Su verdadero alcance radicó en cómo transformó la vida de las personas, en cómo estableció límites invisibles y en cómo logró que la disciplina se ejerciera desde dentro.
En el caso de las mujeres, esta
represión adquirió una dimensión aún más profunda y su conducta y su cuerpo
fueron sometidos a un control sistemático que definía lo que podían ser y
hacer. El objetivo prioritario en este sentido fue el de establecer una frontera
clara entre la mujer que representaba los valores franquistas y aquella que
debía ser corregida o castigada. Esta distinción, más que una simple
categorización, funcionó como una herramienta de control social que definió qué
comportamientos eran aceptables y cuáles merecían el estigma y la reclusión”.
Carmen Guillén:
Redimir y adoctrinar. El Patronato de Protección a la Mujer
(1941-1985), 2026
Esta es mi generación
“Desde nuestros respectivos nidos
habíamos aceptado como cierta, como se acepta el aire que entra en los
pulmones, una idea del mundo y del futuro. Seríamos heterosexuales, buscaríamos
una pareja a la que poder llevar sin vergüenza a las cenas navideñas, tendríamos
hijos, cumpliríamos el mandato, portaríamos el testigo, honraríamos a nuestros
padres, progresaríamos en lo profesional y en lo material. Votaríamos
correctamente. Nos rodearíamos de objetos y de deseos. Nos gustaría el dinero,
algo que nunca confesaríamos, pero no para acumularlo. Ni siquiera para
disfrutarlo, sino para que nos aportara seguridad. Y también, por qué no, para
que sirviera como gasolina con la que llevar adelante esa idea del mundo y del
futuro mansamente heredada. Llegado el momento, les pasaríamos el testigo a
nuestros hijos y los animaríamos a ser ellos mismos, pero procurando que, en
esa búsqueda, no encontraran un modelo demasiado extravagante. Médicos y
abogados, sí. Toreros y okupas, no. Nos honraréis, claro que sí, pero, sobre
todo, haréis lo posible para no despertar en nosotros el miedo a perderos”.
Jesús Carrasco: El detalle (novela), 2026

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