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(Otro) Felipe y (otra) Leticia en una novela de Jesús Carrasco

El detalle es la quinta novela escrita por Jesús Carrasco, su quinto libro, publicado en 2026. De él únicamente había leído antes su segunda novela, diez años anterior, La tierra que pisamos, que habría agradecido menos dislocaciones espacio temporales y menos poesía a pie de campo, e incluso menos literatura por encima de la vida, más sensibilidad y menos sentido, más aldecoa y menos benet, más deseo y menos memoria, más vértigo y menos tripas.


Tan es así que, cuando comencé a leer El detalle, lo primero que me ocurrió fue que la novela me descolocó, pues esperaba estar ante ese tipo de literatura, la de La tierra…, y lo que encontré fue algo muy distinto, precisamente lo que no recordaba haberle pedido a Carrasco cuando leí su novela de 2016.

El caso es que ¿se puede pasar de considerar el libro que uno está leyendo un bodrio que da vergüenza ajena a tenerlo por una novela que merece mucho la pena ser leída? Pues eso es lo que me pasó con El detalle. Al fin y al cabo, al protagonista-narrador del libro lo que le gusta al leer uno es ir primero que nada a leer la página ciento diez. Sic.

 

          “El atributo humano más amenazado del siglo XXI es la atención”.

 

Felipe y Leticia, sí, Felipe y Leticia, ¿qué pasa?, son un matrimonio que llevan como pareja veintitrés años juntos. 23. La novela comienza así:

 

“Yo solo pretendía tener un detalle con Leticia, eso es todo. No quería que se sintiera ridícula, ni incómoda ni, por supuesto, humillada, como sucedió. Y, sobra decirlo, tampoco pretendía que nuestras vidas corrieran peligro, como también pasó. No quería que le pusieran ese horrible collarín, ni traerle a la memoria tan malos recuerdos. Pero, por encima de todo, no quería que las cosas terminaran como terminaron”.

 

Las cosas claras desde el principio. En ese párrafo se contiene el argumento de la obra. Claro que la historia hay que leerla completa porque lo que se va a leer, lo sabemos, no es solamente una historia. Es cómo se nos cuenta una historia. ¿Verdad?

Lo que no acierto a comprender es por qué esta novela tan cómica (¿es una novela cómica?) no me hacía gracia ninguna según la iba leyendo en sus comienzos (no ayudaba aquello de que en comparación con un gesto de Leticia “la Gioconda se está partiendo de risa”, o lo otro de que el aeropuerto al que llegan ambos “parecía una campaña de Carlos V contra los príncipes protestantes”, por no hablar de que el pelo de unos chureros tenga la “consistencia de un algodón de azúcar de color pajizo” de manera que de cerca “podrían pasar por presidentes republicanos de Estados Unidos”). Aunque, he de decir que no es que me fuera acostumbrado a la categoría humorística de sus chistes, es que esas gracietas mejoran considerablemente, de manera que pareciera que Carrasco le iba cogiendo el truco a eso de escribir buena literatura trufada de jocoso sentido del humor inteligente, realmente gracioso. Como cuando Felipe nos cuenta que en el avión en el que viaja con Leticia alguien lee una novela titulada El informático de Auschwitz. O cuando dice que “nada como ver la muerte de cara para recolocar las prioridades, callarse la boca y, en general, dejar para otro momento la creación de contenidos”.

Lo que quisiera que quedara claro es que El detalle es una novela de amor, sobre el amor, pero no una novela romántica, porque sobre el amor o bajo él lo que prima en sus páginas es la convivencia de quienes, en los principios arrebatadores de todo romance, estaban entre sí enamorados.

 

[…]

 

También es El detalle una novela sobre nuestro tiempo, de estos días en los que nos damos cuenta por fin de que no lo sabemos todo. De que, en realidad, no sabemos nada. De que seguimos siendo una tentativa cósmica de interpretación de una realidad que no va a ser eterna.

 

“Uno se acerca a lo probable con la misma actitud con la que se acerca a lo desconocido: con la ilusión siempre de que lo inesperado se ponga de nuestra parte”.

 

La novela (que transcurre en una España más o menos reconocible todavía “manga por hombro, con los políticos atizándose unos a otros en algo parecido a una pelea en el patio de un colegio”[, por cierto, que ramplonería para hablar del presente]) se titula como se titula porque eso es lo que Felipe quiere tener con Leticia, un detalle… El detalle, mejor dicho: “la quintaesencia de la forma, su sublimación”. Y las albricias de ese detalle son el meollo un poco vertiginoso de lo que a ambos les va ocurriendo mientras Carrasco nos cuenta lo que quiere contarnos de ellos y su encrucijada. De esa rutina “hacia un futuro inalterable” que camina “a velocidad de crucero”.

Dice Carrasco, bueno lo dice el narrador, que es Felipe… Dice Carrasco que la vida es en ocasiones desquiciada (solo hay sosiego pleno en la muerte), pero que “incluso en los momentos de mayor caos hay una urdimbre que no se altera y todo lo sostiene: es un orden donde anidan las leyes de la naturaleza”. ¿Existe tal cosa, o solamente en las películas, en las novelas? En esta suya, sí. ¿Sí?

[…]

 

En definitiva, que merece la pena leer esta novela. Ni mucho ni poco.

 

Este texto pertenece a mi artículo ‘Jesús Carrasco y la fatiga de materiales’, publicado el 27 de junio de 2026 en Letras 21, que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.

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