Si Paul Cézanne dijo del arte que “es una armonía paralela a la naturaleza”, décadas más tarde, en el mismo siglo XX, Georgia O'Keeffe fue más profunda y lo consideró “expresión de la vida interior”. La naturaleza y el alma. Vamos con algunos artistas contemporáneos. Sin orden ni concierto.
Maruja Mallo
El mismísimo Federico García Lorca
escribió de ella esto: “Maruja Mallo, entre Verbena y Espantajo toda la belleza
del mundo cabe dentro del ojo, sus cuadros son los que he visto pintados con
más imaginación, emoción y sensualidad”. Por su parte, Antonio Espina, por
aquel entonces, dijo que “primero tiene talento, y después pinta”.
Dalí
El escritor británico J. G. Ballard consideró que el arte de Salvador Dalí es/fue “una metáfora extrema en una época en que solo lo extremo sirve”.
Abraham Lacalle
Cuántas veces se habrá dicho de un
artista, de un literato, que tiene un lenguaje propio… Pues eso es lo
que Iván de la Torre Amerighi hizo cuando aseguraba que Lacalle posee “un
lenguaje propio, tenso y vital, irónico”.
Klimt
“Un artista de increíble perfección,
un hombre de rara profundidad; su obra, un santuario”. Eso es lo que opinaba
otro gigante, Egon Schiele, de Gustav Klimt, su mentor. También que “todo lo
relacionado con Klimt es un todo, es en sí mismo una obra de arte”.
Sorolla
Hopper
John Updike, que acabó su poema ‘Dos
Hoppers’, con el verso “Hopper está diciendo: Yo soy Vermeer”, sostenía que
Edward Hopper (“un maestro del suspense”) sobresale “haciéndonos conscientes de
lo que está en otra parte, de lo ausente, de lo anhelado”.
Y Robert Hughes escribió que “Hopper
vio que la vieja frontera se había desplazado hacia dentro y ahora se
encontraba en el interior del individuo”.
Montesol
De Javier Montesol se puede decir que
el trazo nunca dejó de contar historias: ante su obra hablamos de pintar como
quien todavía dibuja.
Amalia Avia
Para Camilo José Cela, Avia era “la
pintora de las ausencias”, también “la amarga cronista del por aquí pasó la
vida”.
Aledo & Vallaure
Jaime y Jaime pintan contra la
solemnidad de la pintura. Es lo que me parece a mí.
Brancusi
Un poeta y un escultor nos hablan
ahora del rumano Constantin Brancusi. “Un hombre enamorado de la perfección”; “Brancusi
ha creado un universo, un cielo, un paraíso platónico lleno de formas puras y
esenciales”. Ezra Pound no solo lo admiraba y entendía su propia poesía como
las tallas del rumano, también escribió sobre él con profundidad analítica.
Para Eduardo Chillida, “Brancusi
llevó las cosas a sus últimas consecuencias, no sólo a nivel plástico, sino a
nivel de vida”.
Carmen Laffón
“Lo excepcional de Carmen Laffón es
que, situándose a contrapelo del discurso y de la práctica moderna de la
pintura, no por ello se instala en el pasado o lo repite”. Eso escribió Juan
Manuel Bonet en El País, en 1978.
Gerardo Delgado vio en la obra de la
artista sevillana “un acercamiento a la realidad a través de una mirada muy
íntima”.
Damián Flores Llanos
Y el Museo de Cáceres define su arte
como “una atractiva simbiosis entre lo imaginario y lo poderosamente real”.
Fernando Sánchez Castillo
Ángeles García escribió de Sánchez Castillo que es un artista que “acumula historias con la misma facilidad con la que amontona objetos encontrados en tiendas de barrio, en el Rastro madrileño, en el bar de la esquina o en páginas de internet. Con la misma voracidad que se le atribuye a las urracas, el artista guarda libros, fotografías, tebeos, cucharillas o cualquier chatarra que en el futuro pueda renacer en forma de narración cargada de contenido crítico y belleza”. En tanto que Arnau Horta nos dijo del madrileño que “se apropia de la retórica del poder para manipular su simbolismo”.
Ana Juan
Felipe Hernández Cava conoce
perfectamente a la ilustradora valenciana. Leamos lo que dice de su arte:
“Cada dibujo que
salía de sus manos operaba como una refracción, alucinada y tierna, del estado
mental colectivo. […]
En sus trabajos
todo adquiere una condición de realidad en estado de suspensión. […]
Toda aquella vida
intensa de la línea apareciese como un programa de alfabetización visual”.
Peter Doig
Laura Cumming y Jennifer Higgie han
escrito sobre Doig. La una: “Sus pinturas han sido siempre singulares:
narcóticas y, a la vez, intensamente estimulantes; bellas, pero radicalmente
aparte”. La otra: “Aunque palpitan con las ricas superficies del mundo físico,
[sus obras] hacen pensar en cosas y estados de ánimo que no pueden tocarse y
rara vez pueden describirse”.
Jesús Zamarrón
No me habría importado que Zamarón
pintara todas las cubiertas de todos mis libros. Lo hizo en uno dedicado a la
Historia. Lo que le interesa a él, lo tiene dicho, es plasmar siempre en sus
cuadros “un toque metafísico de misterio, de reflexión, donde la pintura evoque
otros mundos”.
Óscar Seco
También un cuadro suyo sirvió para
resaltar la cubierta de un libro de los míos, uno dedicado a explicar lo que
España es. De Seco, Danielle Cruz expresó que, en sus obras pictóricas, “la
estética es a la vez arma y refugio”. Toma ya.
A María von Touceda la debemos esta
frase:
“Ese carácter
juvenil del trabajo de Óscar Seco [...] alivia la severidad de los temas que
trata”.
Juan Cossío
Lo que veo en lo que pinta Juan es
pura invención cuando parece hiperrealista y esa verdad que no quiere serlo
cuando es un imaginativo pintor de paisajes, combates y serenidades
tempestuosas.
Calvo Serraller decía de Javier de Juan que “es un moralista del siglo XIX encaramado sobre la giba de un camello actual”. Irene Calvo, de su lado, apuntó que “su producción marcó una época y sentó las bases de un nuevo estilo, fresco y divertido”.
Pablo Picasso
y Louise Bourgeois despiden este recorrido.
El malagueño diciendo que “todos
sabemos que el arte no es verdad. El arte es una mentira que nos hace
comprender la verdad, al menos la verdad que nos es dado comprender”.
La parisina repitiendo aquello suyo
de que “el arte es una garantía de cordura”.
Volvámonos locos con el arte. A sabiendas.
















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