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Cosas que leo en los libros que leo (69)

Uno lee libros por diversas razones, para asombrarse es una de ellas. Lo que siguen son asombros provocados por los libros que leo.

 

La Odisea


“Vuelvo cada vez más a menudo a la Odisea. Siempre la hemos leído como un libro de aventuras. Más tarde comprendimos que es también un libro sobre la búsqueda del padre. Y, por supuesto, sobre el regreso al pasado. Ítaca es el pasado. Penélope es el pasado, el hogar que abandonaste es el pasado. La nostalgia es el viento que infla las velas de Ulises. El pasado no es nada abstracto, está hecho de muchas pequeñas cosas concretas. Cuando, tras siete años de dichosa vida con la ninfa Calipso, esta le ofrece la inmortalidad si se queda con ella para siempre, Ulises, a pesar de todo, se niega. Yo mismo me lo he preguntado, vamos, seamos todos sinceros y digamos si rechazaríamos semejante oferta. En un lado de la balanza tienes la inmortalidad, una mujer eternamente joven y todos los placeres del mundo, y en el otro, el retorno adonde quizá no se acuerden de ti, una inminente vejez, una casa asediada por buitres y pretendientes y una esposa que ha empezado ya a marchitarse. ¿Qué lado de la balanza elegirías? Ulises elige el segundo. Por Penélope y Telémaco, cierto, pero también por una cosa concreta y fútil que señala: el humo de la chimenea, por el recuerdo del humo que salía de la chimenea de su hogar natal. Por ver ese humo una vez más. (O por morir en casa, por desvanecerse como el humo que brota de la chimenea). Toda la tracción de ese retorno está concentrada en este detalle. Ni el cuerpo de Calipso ni la inmortalidad pueden superar al humo de una chimenea. El humo, que no tiene peso, inclina la balanza. Y Ulises reemprende el regreso. […]

Lo que daría por saber cómo continúa la historia de Ulises tras su regreso. Un mes, un año, dos años después, cuando la euforia del reencuentro hubiera pasado. Su perro favorito, la única criatura viva que lo reconoció en el acto y sin necesidad de pruebas (amor y memoria incondicionales), ha muerto ya. ¿Acaso añora los pechos de Calipso, las noches en la isla, las maravillas y las aventuras que lo asaltaron a lo largo del camino? Lo imagino levantándose en plena noche del lecho conyugal, aquel que antaño él mismo había fabricado, lo veo salir de puntillas para no despertar a Penélope, sentarse al sereno en el umbral y rememorarlo todo. El viaje de veinte años se ha convertido en pasado y la luna de ese pasado lo atrae cada vez con más fuerza, como en época de marea alta. Una marea de pasado”.

Gueorgui Gospodínov: Las tempestálidas (novela), 2020

 

Mary Cassatt


“Mary Cassatt sobre la pared, madre bañando a niño. […] Mary Cassatt, que no tiene hijos y se da bebés a sí misma a través de la pintura; Mary Cassatt expatriada, viajando y agotada, soñando hogares para sí misma en su obra; Mary Cassatt, una mujer que no se creía mujer en absoluto. […]

Lorrie Moore: Anagramas (novela), 1986

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