Uno lee libros por diversas razones, para asombrarse es una de ellas. Lo que siguen son asombros provocados por los libros que leo.
Irlanda del Norte, The
Troubles
“El Museo de Ulster dedicaba una de
sus salas a la cronología política y la cultura material de los años de “The
Troubles”, exponiendo la dimensión nacionalista de un conflicto que enfrentó a
protestantes contra católicos por 30 años sin ser nunca en realidad de
naturaleza puramente religiosa. Aunque el análisis de la Partición de 1921
había quedado en otra sala, resultaba claro que la división de la isla en la
República irlandesa, por un lado, e Irlanda del Norte bajo el dominio
británico, por otro, sentó las aristas básicas de la conflagración. En las
distintas mamparas de la sala, que juntas moldeaban un pequeño laberinto,
sobresalían primero las imágenes de la batalla de Bogside con la que se
desataron, entre el 12 y 14 de agosto de 1969, tanto las revueltas armadas de
los activistas republicanos como la consecuente incursión del ejército
británico. Otras mamparas mostraban las noticias del Domingo Sangriento de 1972,
en el que se enfrentaron los activistas católicos y los militares británicos
que abrieron fuego contra ellos, asesinando a 13 e hiriendo a 14
participantes. Sunday, Bloody Sunday. Había fotografías y carteles
y portadas de discos y boletos de autobús que recordaban la dimensión más
cotidiana de un conflicto que contrapuso predominantemente a miembros
del IRA (Irish Republican Army) o el INLA (Irish National Liberation
Army) contra integrantes del UVF (Ulster Volunteer Force) y
el UDA (Ulster Defence Association), pero que explotaba en barrios
concretos y contiguos, dentro del seno de familias específicas y, a veces,
relacionadas. Finalmente, ya rumbo a la salida del laberinto, se anunciaba el
Acuerdo de 1998 con el que se puso un término a la guerra de baja intensidad
que cobró la vida de al menos 3 500 irlandeses haría exactamente 25 años”.
Cristina Rivera Garza:
Terrestre (relatos), 2025
El cerebro nos protege
“Era capaz de distanciar su mirada y
contemplarlas con una pesadumbre y una preocupación medidas por la capacidad
que tiene el cerebro para protegernos. Nuestras emociones se serenan y aprenden
a contemplar el dolor del mundo desde la distancia adecuada, sabiendo que está,
administrándolo con gotas lentas de pena y resignación”.
Ana Merino: El camino que no elegimos (novela), 2025

Comentarios
Publicar un comentario
Se eliminarán los comentarios maleducados o emitidos por personas con seudónimos que les oculten.