La canción Estranha forma de vida fue grabada en 1964 por la cantante portuguesa de fama mundial Amália Rodrigues, autora de su letra (la música fue compuesta por Alfredo Marceneiro, otro fadista de tronío). La primera vez que yo la escuché se la escuché al brasileño Caetano Veloso, que la había grabado en 1986 para la película Fados, del cineasta español Carlos Saura, aunque cuando yo supe de ella fue años más tarde y él llevaba cantándola desde la década de 1970.
El también cineasta español Pedro Almodóvar estrenó en 2023 una
película con ese título (el mismo pero en español, Extraña forma de vida,
también en inglés, Strange way of life) en la que escuchamos a Caetano
Veloso cantar la canción de Rodrigues y Marceneiro, si bien en la película
quien simula cantarla es el actor y también cantante Manu Ríos. Primer
desbarajuste.
No, ese corto de Almodóvar, a diferencia del extraordinario suyo anterior, La voz humana, de 2020, no me ha gustado en absoluto. ¿Por qué? Me
resulta difícil encajar en el universo de resaltados estéticos del que el
director español abusa sin llegarme a producir emoción alguna casi nunca (una
excepción: Dolor y gloria, que me pareció una obra maestra) y que aquí me llega
a producir casi risa. Una risa floja.
Autor de su guion, Almodóvar filmó un cortometraje de 31 minutos que contó
con la música original y la fotografía de dos de sus habituales colaboradores, Alberto
Iglesias y José Luis Alcaine, respectivamente, para un wéstern romántico,
tortuosamente romántico, en el que se nos muestra una turbulenta relación
homosexual que no es capaz de transmitir(me) emoción alguna, mucho menos
conmoción. Una relación protagonizada convincentemente por los actores
estadounidenses Pedro Pascal (de origen chileno) y Ethan Hawke,
quienes pese a su esfuerzo no pueden dar entidad cinematográfica a la
peliculita debido a las hechuras mal trazadas y fofas de la obra (muy menor) de
Almodóvar.
A los almodovaristas les encantó Extraña forma de vida, pues hubo
desde quien vio en ella que “Almodóvar humaniza y ennoblece el wéstern”
efectuando “un delicado prodigio de clasicismo y pasión por el cine” (Luis
Martínez, en El Mundo), hasta quien se atrevió a escribir que “Almodóvar
conquista el Oeste con su romanticismo loco y crepuscular” (Elsa
Fernández-Santos, en El País), pasando por quien consideró que el
film “es corto, es wéstern, es gay, es mejor”, llegando a lamentar que siendo
un coto… fuera tan corto (sic), ya que “pasan tantas cosas en tan poco tiempo
que a uno le gustaría seguir viviendo en ella” (Sergi Sánchez, en La
Razón).
Claro que también hubo quien, poco almodovariano él, (sí me refiero al también crítico de El País Carlos Boyero), se atrevió a escribir algo con lo que no puedo estar más de acuerdo:
“La adscripción al género del
wéstern es debida a que los personajes van vestidos de época, aparece un
caballo y se dispara un revólver (...) me asalta la sensación de que he estado
un rato afortunadamente corto en compañía de la nada”.
“Un western más, y no precisamente distinguido. (...) Almodóvar nada aquí
en aguas que le son muy ajenas y en las que no acaba de encontrarse a sí mismo.
Y se nota demasiado”. Así se refirió a este bodrio colorido Carlos F.
Heredero en Caimán.
Que es imposible que todos veamos lo mismo cuando vemos la misma película,
de manera que no se puede hablar en realidad de que se haya contemplado la
misma película, da muestra también Irene Crespo (Cinemanía),
quien presenció en Extraña forma de vida “una emotiva y tierna historia
de deseo y amor, erotismo y sensualidad”, cuyas “sugerentes y evocadoras
secuencias nos llevan a cada uno de nosotros a alargar el cortometraje”.
En septiembre de 2023, el día 24, le pude leer a Alonso Martínez en El País que Extraña forma de vida “se considera la respuesta de Almodóvar a la película Brokeback Mountain [Secreto en la Montaña, en Hispanoamérica y En terreno vedado, en España], un proyecto que rechazó hace más de 15 años [el largometraje es de 2005] y que finalmente fue dirigido por Ang Lee. Su razón para rechazarlo fue clara: a pesar de contar una historia de amor homosexual, carecía del elemento sexual que, para el cineasta, era esencial para narrar el romance protagónico. Con Extraña forma de vida, el director español se aventura a crear su propia historia, plasmando su visión de manera más auténtica y fiel a su estilo”. Como respuesta, esto ya es cosa mía, me parece muy poco artística y sobre todo desafortunada, ya que la película de Ang Lee la supera de tal manera que considerar el cortito de Almodóvar una respuesta a esa obra cinematográfica es de una osadía descabellada.




Comentarios
Publicar un comentario
Se eliminarán los comentarios maleducados o emitidos por personas con seudónimos que les oculten.