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Preocuparnos y no preocuparnos


Creo que ya conté en otra ocasión que llevo años leyendo a T. S. Eliot, años con el mismo libro. No importa.

Thomas Stearns Eliot, en cuyas obras solamente aparece T. S. Eliot, y es así como se le conoce, nació en Estados Unidos en 1888 y falleció en Reino Unido en los primeros días de 1965. Escribía poesía pero también teatro y ejercía la crítica literaria. Es, por encima de todo, uno de los poetas más importantes y reconocidos de cuantos escribieron en el siglo XX, y para algunos de toda la historia de la poesía.

Que a mí no me guste no viene al caso.

 

“Teach us to care and not to care

Teach us to sit still”.

 

Traduzco:

 

«Enséñanos a preocuparnos y a no preocuparnos

enséñanos a permanecer quietos».

 

Esos versos impactantes y tan profundos pertenecen a Ash-Wednesday (Miércoles de Ceniza), un largo poema de Eliot publicado como libro en 1930. [Mejor dicho: es una secuencia de seis poemas, concebidos finalmente por el propio Eliot como las seis partes de una obra poética unitaria. Y aunque he dejado escrito traduzco no traduzco yo]. El primer verso lo cita Ian McEwan en su novela de 2026, Lo que podemos saber (traducida a mi idioma por Eduardo Iriarte Goñi), y el segundo viene al caso porque creo que le da completitud. Ese sí lo he traducido yo. No te fíes mucho.

El escritor argentino Ezequiel Zaidenwerg tradujo en su blog de internet en 2009 esos versos como «Enséñanos a preocuparnos y no preocuparnos / Enséñanos a quedarnos sentados quietos» y el poeta, crítico e historiador español José María Valverde (en su edición para Alianza de las Poesías reunidas 1909-1962 de Eliot, que es la que llevo años leyendo, sic), los presenta como: «enséñanos a que nos importe y a que no nos importe / enséñanos a estar sentados tranquilos». Por su parte, el traductor dominicano Fernando Vargas los tradujo en 1989 como «Enséñanos a preocuparnos y no preocuparnos / Enséñanos a sentarnos tranquilos», y el poeta, crítico y traductor chileno Aldo Torres, medio siglo antes, en 1949, como: «enséñanos a preocuparnos y a despreocuparnos / enséñanos a sentarnos tranquilos».

Me quedo con «Enséñanos a preocuparnos y a no preocuparnos / enséñanos a permanecer quietos».

No por nada, o sí. Porque me parece la más hermosamente concreta manera de leer y decir esos dos versos en mi idioma. Esos dos versos pertenecientes a la plegaria religiosa que es Miércoles de Ceniza. De ahí esos enséñanos que, adivina, a quién van dirigidos. Sí, al dios de Eliot, al Dios de Eliot.

Lo que le ruega a Dios Eliot es que nos enseñe a los seres humanos a aprender a participar en el mundo sin que quedemos apresados por nuestras creencias/querencias sobre cómo debería ser ese mundo. Qué curioso. El narrador y protagonista de la novela de McEwan dice de ellos que son “versos sonoros, pero vacuos, pues nadie necesitó nunca esa enseñanza”. Y estoy con él, porque esa enseñanza lo que pretende es conseguir individuos dóciles preparados para la quietud propia de la despreocupación por la inquietud.

Sonoros pero vacuos. La primera vez que los lees te fascinan, porque en eso consiste la poesía, en hipnotizarte con la belleza, a la que presenta como si fuera no ya sabiduría, sino LA SABIDURÍA. ¿Un poco es así, no? Corrijo, en eso consiste la poesía religiosa, en hipnotizarte con la belleza, a la que presenta como si fuera LA SABIDURÍA.

En eso consiste la religión, en hipnotizarte con la sabiduría de Dios.

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