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Memoria, deseo y libertad: el cine de Ambrossi y Calvo

La bola negra es una película fascinante. De hecho acaba por ser mucho más que una película. Que ya es. Es una sublimación del arte cinematográfico. Aunque realmente el arte cinematográfico no deja de ser una sublimación de la realidad (o de la ficción, según).


Estrenada en 2026, sus 158 minutos acaban por contener no solamente una historia, sino que nos convierten, sin que el transcurrir del tiempo tenga peso alguno, en parte heredada de la poesía que acaba por ser. Poesía en una pantalla, humanos en carne viva.

Dirigida asombrosamente y escrita con una pulcritud desbordante por ese par de chavales (la palabra juventud es como si fuera algo inherente a cuanto tocan, imaginan y ofrecen) a quienes llaman/llamamos Los Javis, Javier Calvo y Javier Ambrossi, el largometraje homenajea muchas cosas, entre otras al teatro (sin que ni por asomo sea teatro filmado, como suele pasar con las adaptaciones dramatúrgicas), pues lo que hace es adaptar la obra teatral La piedra oscura, publicada en 2013 y estrenada dos años después en el Teatro María Guerrero de Madrid, escrita por Alberto Conejero, coguionista también de la película, que es, hay que aclararlo, una de las fuentes de inspiración de La bola negra, junto con el texto inacabado de Federico García Lorca que le da título. Sí, Federico García Lorca, el protagonista oculto de esta maravilla prodigiosa.


Sorprende comprobar la categoría actoral de uno de sus protagonistas, el músico Guitarricadelafuente, menos la de los actores ya hechos y derechos que son Miguel Bernardeau y Carlos González, sencillamente impresionantes, o las siempre geniales Penélope Cruz y Lola Dueñas o el magnífico Antonio de la Torre, muy bien acompañados por el debutante Milo Quifes y Hugo Welzel, Antonio Dechent, Nuria Mencía, Natalia de Molina, María Morales y Mona Martínez.

La música merece ser también destacada, por exquisita y pertinente: es obra de Raül Refree. Y la excelente fotografía es asunto de Gris Jordana.

Este drama con la homosexualidad y el amor como eje central y cuyo ámbito es la Guerra Civil española (sí, otra peli sobre la Guerra Civil, ¿qué pasa? no verás otra igual) es considerado por FilmAffinity cuando escribo esto 1a mejores película o serie con temática LGTBI+ de siempre, la mejor película del año 2026 y la mejor de los últimos cinco años: para que te hagas una idea. El año de su estreno obtuvo el premio a la Mejor dirección en el Festival de Cannes y el del Público en el Festival de San Sebastián.

Unas palabras para La nieve, la canción principal de La bola negra, cantada por Guitarricadelafuente, su compositor junto a Raül Refree y Lucas Durán, cuyo verso fundamental dice “Arden las turbias palabras que nunca prendí” y que nos habla del deseo oculto, del amor que no puede expresarse y del silencio impuesto a los homosexuales.


Otras para el poema central de la película, ‘El amor duerme en el pecho del poeta’, un soneto de Federico García Lorca perteneciente a su poemario póstumo Sonetos del amor oscuro, que, aunque en la película aparece como una última carta del poeta a Rafael Rodríguez Rapún (relacionado sentimentalmente con el poeta, personaje destacadísimo de- La bola negra), ni se trataba de una carta ni existe constancia documental de que García Lorca se lo enviara. La identificación de Rapún como destinatario del poema es una interpretación, no un hecho históricamente demostrado. No importa. Es arte. Arte cinematográfico, y al arte cinematográfico la única verdad que le interesa es la emoción, la conmoción.

Hay un vínculo textual con la canción La nieve, y está en esta estrofa:

 

“Norma que agita igual carne y lucero traspasa ya mi pecho dolorido y las turbias palabras han mordido las alas de tu espíritu severo”.

 

Canción y poema nos hablan, con la profunda levedad de la poesía y la música fruncidas, de la carne y el lucero, de la experiencia de un amor perseguido. El final del soneto, “¡Mira que nos acechan todavía!” todavía me hace temblar, como cuando la escuché, la vi, la hice mía, viendo el filme de Calvo y Ambrossi.

La bola negra, “desde el clasicismo asumido grita desde la pantalla sin miedo a nada [y] a medida que avanza levanta polvaredas de emoción, de memoria, de reconocimiento” (Luis Martínez: El Mundo); es una “epopeya lorquiana” que “apabulla” y “se sabe grande pero insiste en serlo aún más, y no acepta un no por respuesta, además “se recrea en su búsqueda de la emotividad y la sensualidad” y da en ser “un fresco imponente, apabullante y arrebatador” (Nando Salvá: El Periódico).

No tengo más que decir.

 

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