El poeta Miguel Hernández participó personalmente en la defensa de Madrid durante la Guerra Civil española, convirtió al Manzanares, que era línea de frente durante la batalla, en protagonista de su poema ‘Fuerza del Manzanares’, y llegó a identificarse personalmente en sus versos con el amparo militar del río: «Tus aguas de pequeña muchedumbre, / ay río de Madrid, yo he defendido».
La primera
publicación que consta documentalmente de ‘Fuerza del Manzanares’ apareció en
el número 40 de Nuestra Bandera, órgano del Partido Comunista, el
domingo 22 de agosto de 1937.
El poema convierte
al casi siempre banal Manzanares en símbolo de la resistencia de Madrid ante
los rebeldes liderados por los fascistas. Hernández contrapone deliberadamente
su insignificancia habitual con su dimensión heroica durante la guerra («Hoy es
un río y antes no lo era: / era una gota de metal mezquino, / un arenal apenas
transitado, / sin gloria y sin destino») pata después transformarlo
metafóricamente en una trinchera y finalmente casi en un gran río épico: «El
leve Manzanares se merece / ser mar entre los mares».
El meollo
histórico del poema es, por tanto, el frente del Manzanares y la resistencia
republicana de Madrid: aparecen los chopos, las riberas, las trincheras, los
soldados y los hospitales. Acaban sus versos haciendo que el río trascienda
Madrid y entre en la historia: «el Manzanares llega triunfante al infinito».
Cierra el libro Viento del pueblo. Poesía en la guerra,
cuya primera edición fue publicada en Valencia por Socorro Rojo Internacional
en aquel año 1937.
Aquel poema de
urgencia y de combate dice así:
“Fuerza
del Manzanares
La
voz del bronce no hay quien la estrangule:
mi
voz de bronce no hay quien la corrompa.
No
puede ser ni que el silencio anule
su
soplo ejecutivo de pasión y de trompa.
Con
esta voz templada al fuego vivo,
amasada
en un bronce de pesares,
salgo
a la puerta eterna del olivo
y
dejo dicho entre los olivares...
El
río Manzanares,
un
traje inexpugnable de soldado
tejido
por la bala y la ribera,
sobre
su adolescencia de juncos ha colgado.
Hoy
es un río y antes no lo era:
era
una gota de metal mezquino,
un
arenal apenas transitado,
sin
gloria y sin destino.
Hoy
es una trinchera
de
agua que no reduce nadie, nada,
tan
relampagueante que parece
en
la carne del mismo sol cavada.
El
leve Manzanares se merece
ser
mar entre los mares.
Al
mar, al tiempo, al sol, a este río que crece,
jamás
podrás herirlos por más que les dispares.
Tus
aguas de pequeña muchedumbre,
ay
río de Madrid, yo he defendido,
y
la ciudad que al lado es una cumbre
de
diamante agresor y esclarecido.
Cansado
acaso, pero no vencido,
sale
de sus jornadas el soldado.
En
la boca le canta una cigarra
y
otra heroica cigarra en el costado.
¿A
dónde fue el colmillo con la garra?
La
hiena no ha pasado
a
donde más quería.
Madrid
sigue en su puesto ante la hiena,
con
su altura de día.
Una
torre de arena
ante
Madrid y el río se derrumba.
En
todas las paredes está escrito:
«Madrid
será tu tumba».
Y
alguien cavó ya el hoyo de este grito.
Al
río Manzanares lo hace crecer la vena
que
no se agota nunca y enriquece.
A
fuerza de batallas y embestidas,
crece
el río que crece
bajo
los afluentes que forman las heridas.
Camino
de ser mar va el Manzanares:
rojo
y cálido avanza
a
regar, más allá del Tajo y de los mares,
donde
late un obrero de esperanza.
Madrid,
por él regado, se abalanza
detrás
de sus balcones y congojas,
grabado
en un rubí de lontananza
con
las paredes cada vez más rojas.
Chopos
que a los soldados
levantan
monumentos vegetales,
un
resplandor de huesos liberados
lanzan
alegremente sobre los hospitales.
El
alma de Madrid inunda las naciones,
el
Manzanares llega triunfante al infinito,
pasa
como la historia sonando sus renglones.
Y
en el sabor del tiempo queda escrito”.
Cuando vio la luz
por vez primera en Nuestra Bandera iba precedido por este breve párrafo
introductorio:
“Nací
en Orihuela hace veintiséis años. He tenido una experiencia del campo y sus
trabajos, penosa, dura, como la necesita cada hombre, cuidando cabras y
cortando a golpes de hacha olmos y chopos, me he defendido del hambre, de los
amos, de las lluvias y de estos veranos levantinos inhumanos de ardientes. La
poesía es en mí una necesidad y escribo porque no encuentro remedio para no
escribir.
La
sentí, como sentí mi condición de hombre, y como hombre la conllevo, procurando
a cada paso dignificarme a través de sus martillerazos.
Me
he metido con toda ella dentro de esta tremenda España popular, de la que no sé
si he salido nunca. En la guerra, la esgrimo como un arma, y en la paz será un
arma también aunque reposada.
Vivo
para exaltar los valores puros del pueblo, y a su lado estoy tan dispuesto a
vivir como a morir”.
Los 25 poemas de Viento del pueblo. Poesía en la guerra son: 'Elegía segunda', 'Nuestra juventud no muere', 'Llamo a la juventud', 'Recoged esta voz', 'Rosario, dinamitera', 'Jornaleros', 'Al soldado internacional caído en España', 'Aceituneros', 'Visión de Sevilla', 'Ceniciento Mussolini', 'Las manos', 'El sudor', 'Juramento de la alegría', 'Primero de mayo de 1937', 'El incendio', 'Canción del esposo soldado', 'Campesino de España', 'Pasionaria', 'Euzkadi' y 'Fuerza del Manzanares'.


Comentarios
Publicar un comentario
Se eliminarán los comentarios maleducados o emitidos por personas con seudónimos que les oculten.