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Boda en Lubbock


Estás leyendo una novela sobre la pena de muerte. Qué pena la pena de muerte. Qué exceso y qué suavidad la de la novela excesiva y suavemente erótica, quizás, delicada, brutal y sincera como una niña. Estás ahora esperando el mejor momento para seguir leyendo esa novela. Un instante de luminosa realidad herida, sin la asfixia de la necesidad: un nadar desnudo en el interior de un sueño. O quizás te baste con haber descansado de ti misma, de la novela y de la vida atestada donde has ido a parar. Donde caíste.

Una prisión, la ceguera de las leyes de los hombres, la ceguera de los humanos y la ceguera redimida de la protagonista, una ceguera recuperada con los ojos de un padre al que no puedes ver tú tampoco, lectora que arañas la montaña donde quisieron enterrarte. Tus uñas, tu carne. Negras, de abismo. Despierta, despierta, despierta. Sigue leyendo. Sigue nadando. Levántate.

Y anda.

Camina hacia la ventisca. Suculento amanecer. Coge otra vez el libro. Ahora puedes leerlo, ya. Hazlo ya. Lee. Lee y recuerda los días en los que tú misma escribiste aquella novela gitana y dulce. Vuela un poco antes. Reposa en tu espalda de ángel muerto. Entra en la vida de ella, entra en su penitenciaría, al corredor de la muerte. Recuerda que ella no sabe nada de ti. Absolutamente nada.

Envuélvete en ese hechizo protector de las novelas que parecieran haber sido escritas para nosotros. Escrita para ti. Su nombre, su pasado, el dolor como una pintura infantil, como un leve arañazo en una mañana en la playa. La arena, el mar. El olvido. Su nombre es tu nombre.

Lubbock, en el condado homónimo. En Texas. La patria inmensa y pequeña de Buddy Holly. Tú nunca lo has escuchado, a Buddy Holly. Ella sí, ella creció ceñida a las melodías doradas de aquel músico. Y hoy sabes de él. En la novela. Porque ella escucha Peggy Sue y tú la escuchas con ella. Ella que camina hacia la muerte veinte páginas más adelante, justo cuando tú llevas diez horas muerta. Por tu propia mano. Mientras Peggy Sue se casa en algún altavoz de alguna parte del mundo.

[Este es uno de los relatos de mi libro Carry that weight y otros cincuenta cuentos musicales, publicado en 2024 en Sílex ediciones]

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