Uno lee libros por diversas razones, para asombrarse es una de ellas. Lo que siguen son asombros provocados por los libros que leo.
Stonehenge
“En el ámbito atlántico, monumentos como el de Stonehenge representan una de las expresiones más complejas de cosmogonía prehistórica. Stonehenge articula arquitectura, paisaje y tiempo. Sus alineaciones con los solsticios indican una atención precisa a los ciclos solares, integrando el movimiento de los astros en la vida social y ritual. Lejos de ser un observatorio en sentido moderno, el monumento parece funcionar como un espacio de reunión, de memoria y de relación con los antepasados”.
Ernesto Montoya:
La muerte del Homo sapiens,
2026
La juventud actual
“Si lo que nos preguntamos es si
nuestros hijos, que hoy tienen veinte años, viven mejor o peor que cuando
nosotros teníamos la misma edad, la respuesta es clara: viven mucho mejor. Si
hablamos de derechos individuales y sociales, no hay color: la siguiente
generación está ya viviendo mejor que los que ahora rondamos el medio siglo
cuando teníamos su edad. Si hablamos de condiciones materiales, también. […]
Sin embargo, la percepción de los
jóvenes, y cada vez más la de un sector mayor de la sociedad, es la contraria.
Se alude con frecuencia a la vivienda, y es cierto. […] El drama de la vivienda
lo es para todos, en especial para los colectivos sociales más vulnerables, y
en esa ecuación los jóvenes de familias de rentas bajas o medias, en efecto,
son víctimas. […] Pero esto tiene que ver con los bajos salarios, la desigualdad
y la falta de políticas de vivienda adecuadas. No es, por tanto, un problema
exclusivo de los jóvenes. […]
Es importante que este debate lo
abordemos con rigor.
[…] Sabemos que ningún derecho se
obtiene por arte de magia, sino mediante procesos, a menudo muy duros, de
movilización social. De igual manera, tales derechos deben ser defendidos de
manera constante, o de lo contrario decaerán. Las últimas generaciones no han
sido educadas en esos principios; han creído que el catálogo de servicios
públicos, las condiciones laborales o la posibilidad de vivir en un Estado del
bienestar de calidad creciente estaban garantizados de por vida y que su
sostenimiento no exigiría mayor esfuerzo. Ha faltado estudiar más historia y
hacer un esfuerzo de pedagogía e inteligencia colectiva para aclarar que esto
no funciona así. Nunca lo ha hecho.
[…]
Hay datos objetivos que apuntan en
una dirección no muy luminosa, pero se olvida la que es, desde mi punto de
vista, la pregunta clave: ¿qué vais a hacer vosotros? […]
[…]
La pesadumbre y el pesimismo que
experimentan estas generaciones no están provocando una respuesta de acción
colectiva, sino de máximo individualismo y carpe diem. Si el futuro no
existe...
En lugar de provocar una reacción
interpelando al poder y planteando alternativas, surgen discursos que apelan a
un conflicto intergeneracional que no solo no arregla los problemas, sino que
puede agravarlos. Cuando se habla de distribución de la riqueza, por ejemplo,
se achaca la falta de políticas adecuadas para los jóvenes al supuesto trato
privilegiado concedido a quienes cobran una pensión. La perversión del debate
es total, dado que, si bien es cierto que la desigualdad generacional tiende
hoy en día a agudizarse, la precariedad laboral, las violencias machistas, la
crisis climática y la emergencia habitacional no se van a arreglar rebajando
las pensiones. […] Al encontrar un chivo expiatorio fácil, se les empuja al
lugar de la víctima en vez de situarles cara a cara con los retos que les ha
tocado vivir”.
Cristina Monge: Contra el descontento: por una alianza para construir futuros deseables, 2026

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