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Cosas que leo en los libros que leo (66)

Uno lee libros por diversas razones, para asombrarse es una de ellas. Lo que siguen son asombros provocados por los libros que leo.

 

Stonehenge


“En el ámbito atlántico, monumentos como el de Stonehenge representan una de las expresiones más complejas de cosmogonía prehistórica. Stonehenge articula arquitectura, paisaje y tiempo. Sus alineaciones con los solsticios indican una atención precisa a los ciclos solares, integrando el movimiento de los astros en la vida social y ritual. Lejos de ser un observatorio en sentido moderno, el monumento parece funcionar como un espacio de reunión, de memoria y de relación con los antepasados”.

Ernesto Montoya: La muerte del Homo sapiens, 2026

 

La juventud actual

“Si lo que nos preguntamos es si nuestros hijos, que hoy tienen veinte años, viven mejor o peor que cuando nosotros teníamos la misma edad, la respuesta es clara: viven mucho mejor. Si hablamos de derechos individuales y sociales, no hay color: la siguiente generación está ya viviendo mejor que los que ahora rondamos el medio siglo cuando teníamos su edad. Si hablamos de condiciones materiales, también. […]

Sin embargo, la percepción de los jóvenes, y cada vez más la de un sector mayor de la sociedad, es la contraria. Se alude con frecuencia a la vivienda, y es cierto. […] El drama de la vivienda lo es para todos, en especial para los colectivos sociales más vulnerables, y en esa ecuación los jóvenes de familias de rentas bajas o medias, en efecto, son víctimas. […] Pero esto tiene que ver con los bajos salarios, la desigualdad y la falta de políticas de vivienda adecuadas. No es, por tanto, un problema exclusivo de los jóvenes. […]

Es importante que este debate lo abordemos con rigor.

[…] Sabemos que ningún derecho se obtiene por arte de magia, sino mediante procesos, a menudo muy duros, de movilización social. De igual manera, tales derechos deben ser defendidos de manera constante, o de lo contrario decaerán. Las últimas generaciones no han sido educadas en esos principios; han creído que el catálogo de servicios públicos, las condiciones laborales o la posibilidad de vivir en un Estado del bienestar de calidad creciente estaban garantizados de por vida y que su sostenimiento no exigiría mayor esfuerzo. Ha faltado estudiar más historia y hacer un esfuerzo de pedagogía e inteligencia colectiva para aclarar que esto no funciona así. Nunca lo ha hecho.

[…]

Hay datos objetivos que apuntan en una dirección no muy luminosa, pero se olvida la que es, desde mi punto de vista, la pregunta clave: ¿qué vais a hacer vosotros? […]

[…]

La pesadumbre y el pesimismo que experimentan estas generaciones no están provocando una respuesta de acción colectiva, sino de máximo individualismo y carpe diem. Si el futuro no existe...

En lugar de provocar una reacción interpelando al poder y planteando alternativas, surgen discursos que apelan a un conflicto intergeneracional que no solo no arregla los problemas, sino que puede agravarlos. Cuando se habla de distribución de la riqueza, por ejemplo, se achaca la falta de políticas adecuadas para los jóvenes al supuesto trato privilegiado concedido a quienes cobran una pensión. La perversión del debate es total, dado que, si bien es cierto que la desigualdad generacional tiende hoy en día a agudizarse, la precariedad laboral, las violencias machistas, la crisis climática y la emergencia habitacional no se van a arreglar rebajando las pensiones. […] Al encontrar un chivo expiatorio fácil, se les empuja al lugar de la víctima en vez de situarles cara a cara con los retos que les ha tocado vivir”.

Cristina Monge: Contra el descontento: por una alianza para construir futuros deseables, 2026

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