La politóloga y socióloga española Cristina Monge publicó en 2026 Contra el descontento: por una alianza para construir futuros deseables, un libro útil y necesario magníficamente escrito que, a mi modo de ver, supone un antes y un después en el debate público. Especialmente en el debate público español, tan mangoneado por quienes solamente hablan de polarización.
El libro está dedicado “a las
constructoras y los constructores de futuros. A las compañeras y compañeros
de Más Democracia, que no cejan en el empeño. Para que sigan en ello”. [Una
breve explicación: Más Democracia es, dice ella de sí misma, “una organización
política ciudadana que quiere influir en las instituciones, partidos, medios de
comunicación y opinión pública trabajando en red para mejorar la calidad de
nuestra democracia e incrementar la participación política ciudadana”, es una
asociación que funciona desde 2013].
El libro arranca aclaratorio, como es
todo él, sin rodeos, explícito y didáctico:
“Vivimos
con la sensación de que atravesamos crisis superpuestas que nos sitúan en
una encrucijada irresoluble. Se nos olvida que la idea de crisis, cuando
aterriza sobre algo, tiende a ser pegadiza y parece que nunca va a abandonarlo.
[…] Enseguida los libros me mostraron que, en efecto, la idea de crisis había
ido siempre unida a la izquierda. Hoy me sucede algo parecido con la crisis
de la democracia”.
Hemos de afrontar los desafíos
creados por esa “ola de descontento que recorre las democracias
representativas” que erosiona la convivencia. Para eso escribe este libro
Monge. No puede ser que “fuerzas de impugnación del sistema” ganen posiciones
en el escenario democrático, hay que evitar que tal cosa siga ocurriendo y
creciendo, que las formaciones ultraderechistas, neorreaccionarias,
acaben con los estados de derecho y del bienestar surgidos en el siglo XX y en
aparente vía de extinción. Por eso es necesario saber qué está pasando para
que “una parte creciente de la ciudadanía considere que la democracia ha dejado
de ser una oferta interesante” precisamente ahora que la incertidumbre
envuelve el presente y el futuro.
Dos claves de las sociedades
occidentales de hoy en día son la desigualdad y la desconfianza. Contra
el descontento… se atreve a presentar ideas para salir de este atolladero.
Muestra los desafíos, pero también las oportunidades, algo que la autora sabe
que será o podrá ser tildado injustamente de mero buenismo.
“El futuro no está
escrito y, como trataré de mostrar a lo largo de este ensayo, la mejor forma de
predecirlo es construyéndolo”.
Y llegamos en el libro a Vox,
el principal grupo político de ultraderechistas neorreaccionarios.
“«Solo
queda Vox» ha sido uno de los lemas en redes sociales más efectivos de la
ultraderecha española. En efecto, su estrategia pasa por hacerse ver como
una alternativa al sistema, aun cuando ya hayan participado en el gobierno
de municipios y comunidades autónomas. Su materia prima son los malestares,
el descontento y la frustración. Su acelerador, la crispación de las élites
políticas y su propia capacidad para envenenar el debate público con la
ayuda de las redes sociales. Sus temas bandera, aquellos que saben que pueden
estar generando conflictos e inquietud: la migración mal gestionada, la
transición ecológica mal planteada, el abandono del medio rural o el feminismo
con aires de superioridad e intransigencia”.
La gente de Vox consigue “una
paradójica alianza contra natura entre una parte de las élites y muchos de
quienes menos tienen” por medio de la cual “lobos y corderos se asocian a
pesar de que sus intereses objetivos son contradictorios”.
Este tipo de personas, un número
considerable, grita a por ellos y ellos somos todos los que
abogamos “por sociedades más justas, por un modelo económico sostenible, por un
feminismo que penetre en la sociedad haciéndola igualitaria, por un
multilateralismo que consiga abordar los desafíos globales que nos rodean...”.
Ese ellos es el que reivindica
Cristina Monge, al que apela, pero no solamente, pues apela también a quienes
se enfrentan sin verdadera conciencia política a ese ellos que somos nosotros,
espero que tú, desde luego yo.
[…]
Es necesario mostrar/demostrar que “las
democracias siguen siendo más eficaces que los sistemas autoritarios a la
hora de abordar los grandes desafíos”. Que la política es útil para resolver
los problemas de la ciudadanía.
“Recuperar
la confianza en la política y la democracia como entidades útiles pasa también
por recuperar una cierta dosis de esperanza en la posibilidad de un futuro
mejor, y reconocer al mismo tiempo que, aun cuando sea de forma asimétrica,
según la responsabilidad y posibilidades de cada cual, está en nuestra mano
construirlo”.
¿Hay que ser pesimista? Cristina
Monge lo tiene muy claro. “¿Por qué atraen más las palabras de quienes anuncian
el fin del mundo que las de quienes esbozan salidas para los desafíos del
momento?”, nos pregunta. Esa es la cuestión, estoy con ella. El pesimismo
está sobrevalorado, pero lo peligroso de ello es que el pesimismo “se ha
asimilado a seriedad, profundidad, rigor o conocimiento”. Ja. El pesimismo “conduce
a la parálisis, imposibilita la búsqueda de posibles alternativas o salidas a
los problemas existentes e impide pensar en clave propositiva”. Menos mal
que las tesis pesimistas no triunfaron, porque si no el mundo sería
infinitamente peor que ayer. “Vivimos en el mejor de los mundos que han sido
posibles hasta el momento”, pero no olvidemos, no obstante, “los problemas
arrastrados del pasado ni los desafíos, contradicciones y vergüenzas del
presente”. Dejemos de ver si está vacía o llena la botella, intentemos saber si
se está llenando o vaciando. Aunque, qué diantres, pensemos en cómo
llenarla. No se trata de oponerle al pesimismo el optimismo, de lo que se
trata es de promocionar la voluntad de cambio y la conciencia de la
capacidad de acción que tenemos los humanos cuando pensamos y actuamos. En
especial, si lo hacemos juntos”.
[…]
Hay que seguir pretendiendo el
progreso, por supuesto, pero atendiendo a un progreso cuya redefinición
radical y constante sea parte del mismo.
Sin un futuro deseable ni esperanza
el avance social es imposible. No podemos permitir que solamente el futuro
apocalíptico vislumbrado por los descontentos sea el faro que nos guíe. Me
resulta difícil no estar con la autora en todo esto que propone.
“Es
necesario convertir los retos del presente en oportunidades”.
En definitiva, si nos ponemos en
marcha para conseguir el futuro que realmente quiere la sociedad civil, hemos
de “renovar el contrato social en forma de una nueva alianza con el planeta
como terreno de juego”. Todos, los responsables públicos, los empresarios y
los directivos de las empresas, los expertos en asuntos de auténtico interés
social, los jueces y magistrados, los periodistas, los funcionarios y
trabajadores públicos, todos han de verse implicados y se ha de conseguir que
se impliquen.
“Recuerde
que la política en general, y más la política en democracia, es algo
demasiado importante para dejarla (únicamente) en manos de los políticos.
De hecho, es una irresponsabilidad hacerlo”.
Al final, estoy una vez más con Monge
( y su documentadísimo libro): no podemos seguir viviendo sin recuperar “la
idea de un futuro deseable”, para conseguir lo cual tenemos que recordar o
ponernos a buscar “las razones que nos llevan a vivir juntos, juntas”,
no volver a olvidar que “los hechos ciertos existen”.
Y sí, “hagámoslo cuanto antes”. Hemos
de atrevernos a equivocarnos, “porque cuanto antes nos equivoquemos, antes
daremos con el camino que nos lleve al lugar donde queremos llegar”.
Este texto pertenece al artículo ‘No debemos dejar la política (únicamente) en manos de los políticos’, publicado el 6 de agosto de 2026 en Nueva Tribuna, que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.
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