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Las canciones de Tu sonrisa sin temblar (tres)

[Tu sonrisa sin temblar es el cuarto libro de Víctor Colden, publicado en 2022, y está lleno de canciones. Sigo con esas canciones.]


 

“Ya antes, en alguna ocasión, Rubén se había burlado de la música que nos gustaba, él prefería el jazz y las bandas sonoras de películas. Todavía me acordaba de cuando Mario y yo le habíamos hecho escuchar Temporary beauty y Crying for attention de Graham Parker. Rubén había prestado atención sin abrir la boca y después había oído a Mario declarar emocionado que su gran ambición era escribir una canción así: un mecanismo de relojería de menos de tres minutos en el que la melodía, la letra, los instrumentos y la voz funcionaran también con una precisión tan absoluta que le causaron a uno un impacto emocional muy intenso la primera vez que lo escuchara, que luego no se cansara nunca de hacerlo, que con cada escucha se le fuera quedando un poco más dentro y para siempre. ‘Sí, sí, muy bonito todo eso’, había dicho Rubén con una sonrisa, ‘pero esa música, vuestros Pistones y Elegantes, vuestros Nacha Pop, Gabinete Caligari, Aztec Camera y el resto es como si os estuvieran envenenando y no os dais cuenta, puede que más que mecanismos de relojería sean bombas de relojería y cuando queráis detenerlas a lo mejor ya no podéis, jajajaja’”.


 

“Fue después del concierto de Baquetti con La Mafia un viernes de abril, bajábamos Mario y yo casi a oscuras por Hilarión Eslava y, de repente, tras un largo silencio me lo confesó a media voz, le gustaba Virginia. Cuánto me había reído de Baquetti al enterarme de que entre las canciones que iban a tocar ese viernes había una de Los Secretos. ‘Ahora tú también eres un baboso’ le había pinchado yo y él había saltado ‘una poya, de eso nada’; le insistí para que me dijera qué canciones iban a tocar: My Sharona de los Knack, había acabado de diciéndome, So lonely de Police, Pump it up de Elvis Costello y alguna otra. Aproveché para burlarme de Fredo todo lo que se había burlado él de mí porque me gustaran los grupos para niñas. Mamá, Trementina, Los Modelos. Viéndole tocar el viernes con La Mafia parecía que se le hubiera olvidado todo eso, se había puesto una camiseta de los Sex Pistols sin mangas, como para dejar claro cuál era en realidad su música favorita. Tocó muy bien, mucho mejor que el resto de la banda y hasta resolvió con brillantez el rápido y difícil redoble inicial de la canción de Los Secretos. No deja de tener gracia que el punki hiciera eso al mismo tiempo que exhibía en la camiseta la cara vociferante de Johnny Rotten. enseguida rompió la pose con una risotada”.



 “No seguimos nosotros siendo los mismos. No somos los mismos que iban cantando Boy about town en aquel autobús a Pozuelo y descubrieron la poesía de Luis Antonio de Villena… Ya no estoy seguro, a lo mejor nosotros tampoco somos los mismos, por mucho que al escuchar el primer disco de Mamá las canciones de Graham Parker o el All mod cons nos parezca sentir que seguimos siéndolo. ¡Otro espejismo!”.


“¡Cuántas canciones habían empezado a tener sentido esa tarde de principios de mayo. en cuanto me había despedido de ella en la puerta de su casa! Como cantaban Los Secretos, me quemaba por dentro y podía estar riendo".


 

“Las canciones son la verdadera máquina del tiempo. Escucho Thick as thieves y me transporta a mayo del 83, al mes que publicamos el segundo número de nuestra revista con el cuento de Mario. No fue entonces sino dos años más tarde cuando perdimos el contacto. Él se fue a estudiar Derecho a Salamanca y los fines de semana que volvía a Madrid veía a una novia, una chica rubia, y ensayaba con su grupo, con el que no llegué a verle tocar, y yo andaba a otras cosas. Ahora sé que seguimos siendo as thick as thieves y vuelvo a aquella época cada vez que escucho esa canción o cualquier otra de los Jam. Las canciones son el túnel que conecta con lo de antes, suenan los primeros acordes y es como si al dar el primer paso para internarnos por ese túnel ya estuviéramos al otro lado, en ese pasado del que no dejamos Mario y yo de hablar”.



“Cuando los recuerdos pierdan consistencia o note que las historias de esa época están a punto de dejar de interesarme no tendré más que escuchar a los Jam o a Los Secretos. ¿Es que para evocar a Virginia no me basta con escuchar esa canción de Nacha Pop? Sigo sin poder mirar su sonrisa sin temblar, en las fotos de la obra de teatro o en mi cabeza, algunas tardes si cierro los ojos. Las canciones son la máquina del tiempo, sí. Tan pequeñas y delicadas, de apariencia tan inocente y, sin embargo, tan poderosas. Pero han pasado ya muchos años y me pregunto si esas canciones tendrán la fuerza necesaria para lograr que mi historia siga viva, que no llegue a su fin. ¿Acaso no termina todo?”.


 

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