Poco después de su estreno en el verano de 2023, pedí a mis amigos en Facebook que escribieran qué les había parecido la película Oppenheimer (dirigida por Christopher Nolan y protagonizada por Cillian Murphy sobre la vida del físico teórico estadounidense Julius Robert Oppenheimer). Lo publiqué aquí.
Ahora que por fin la he visto, me toca a mí. Y comienzo por decir que me
resultó impresionante, pese a (o quizás debido a) su larguísima duración de
tres horas. Espléndidas, cinematográficamente hablando, eso sí. También que la
actuación de su reparto es maravillosa, comenzando por el propio Murphy.
El británico-estadounidense Nolan, esta vez sí completamente comprensible
y, para mí, a la altura de su leyenda, escribió el excelente guion de su
decimotercer largometraje adaptando el libro Prometeo americano (en
inglés: American Prometheus: The Triumph and Tragedy of J. Robert
Oppenheimer), la biografía de Oppenheimer publicada en 2005 escrita por el
periodista especializado en el nacimiento de la era atómica Kai Bird y el
historiador Martin J. Sherwin, ambos estadounidenses, a lo largo de más de dos
décadas.
No me extraña que el crítico cinematográfico de El Mundo, Luis
Martínez, viera en Oppenheimer el “éxtasis y la fascinación de una obra
maestra que hace ¡boom!” (cuánto ingenio, por otra parte) y que llegara a
escribir que “Nolan toca el cielo con un magnético y subyugante ejercicio de
cine tan espectacular como íntimo y reflexivo”. Espectacular, íntimo y
reflexivo. Quedémonos con eso.
Oppenheimer es, como sostuviera Pepa Blanes en
la Cadena SER, “un brillante e inmersivo thriller político”. Nada más y
nada menos. Ciento ochenta minutos nadando en el interior de una obra de arte
envuelta con las trazas de un thriller político de los que no se
olvidan.
Sobre la ética y el debate moral que plantea el film tengo poco que decir. Únicamente que la obra está a la altura de ese asunto titánico.


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