Es en la década de los cincuenta del siglo pasado cuando surge el soul, que acabará creciendo junto al rock para consolidarse en los sesenta: fenómeno musical de especial relevancia en aquella década de 1960, el soul es, en palabras del historiador de la música Javier María López Rodríguez, el fruto de “la eclosión de una música totalmente negra en cuanto a su ejecución, su composición, su producción y su comercialización”.
El periodista español Diego A. Manrique escribió sobre él que “soul es densidad emocional, grandeza vocal, medicina espiritual, ostentación racial, optimismo generacional”. Mientras el blues “habla en primera persona”, el soul “se expresa en plural” porque se reconoce heredero de una experiencia compartida. Desde su decadencia en la década de los 70 del siglo pasado, “el soul queda como prototipo de la mejor música negra”. Y sigue reviviendo periódicamente con el oleaje de las modas.
Precursores, pioneros del soul, fueron Ray Charles, Sam Cooke o Jackie Wilson. Su máxima expresión brota de grandiosos artistas como James Brown, Aretha Franklin, Percy Sledge, Nina Simone, discográficas como Stax, con nombres como Wilson Pickett o Otis Redding, y sobre todo de la compañía fundada en 1960 por Berry Gordon en la ciudad estadounidense de Detroit: la Motown, que produjo nombres legendarios como el cantante Marvin Gaye o grupos como The Supremes, creando, en palabras de López Rodríguez, “una música de gran calidad tanto en lo que atañe al sonido como a la melodía, la forma y los arreglos”. Aquella música racial, negra, rompió barreras racistas al mismo tiempo que lograba su objetivo de llegar a todos los públicos consumidores de pop. Para la Motown grabaron gigantes como el mencionado Gaye, Diana Ross (con o sin sus Supremes), los Temptations, los Four Tops, las Marvelettes, Smokey Robinson, Stevie Wonder, The Jackson Five, Isley Brothers… Uno de los gigantes que han grabado canciones salidas de la factoría Motown es el estandarte del soul sureño: Otis Redding. Y entre sus compositores, también productores, destacan como galaxias el propio Smokey Robinson, el trío Holland-Dozier-Holland (Lamont Dozier y los hermanos Brian Holland y Edward Holland), la pareja Ashford-Simpson (los también cantantes Nickolas Ashford y Valerie Simpson), además de Barrett Strong, que sobre todo compuso junto a otro productor de tronío, Norman Whitfield.
El soul y su “fogosidad profana”, que diría el periodista musical Fernando Navarro, a quien leo esta maravilla:
“Nacido del góspel y el blues pero
en la época del pop, el soul era un sonido norteamericano, propio de una
existencia cultural. Refiriéndose al jazz que surgió en Nueva Orleans a finales
del siglo XIX, LeRoi Jones, luego llamado Amiri Baraka, escribe en su libro Blues
People que ‘’los negros siguieron la línea de menor resistencia, una línea
que consistía en adaptar una parte de la cultura blanca dominante a su propia
personalidad, infundiéndole la fuerza de la cultura africana, todavía patente
en ellos”. Esa adaptación también se dio con el soul en la música popular de
mitad del siglo XX y la protagonizó más que ningún otro artista Sam Cooke. El
soul fue definido por la obra de Otis Redding: combinando en su voz el blues y
el góspel con un ropaje pop”.
La música soul, según Joserra Rodrigo (el dueño del imbatible slogan “Soul is the answer):
“Disfrutar sufriendo, sufrir
disfrutando, el blues, el fado, el flamenco, palos básicos en los que se
concentra el catálogo de sentimientos del ser humano. Y de todos ellos el soul
es el más dúctil.”
[Este texto es una adaptación de
diversos pasajes de mi libro La música (pop) y nosotros, publicado en
2021 por Sílex ediciones.]


Soul Is The Answer es una frase más vieja que la guerra.
ResponderEliminarGracias por tu maravillosa aportación. Tiene que ser fascinante estar agazapado en casa de uno pensando: a ver qué puedo hacer para tirar por tierra lo que hacen los que hacen algo.
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