En 2021 se estrenó El callejón de las almas perdidas (cuyo título original, el film es estadounidense, es Nightmare Alley), décima película del cineasta mexicano Guillermo del Toro (que ya había ganado un Óscar como Mejor director por su película de 2018 La forma del agua). Una cinta que me interesó mucho en sus primeros minutos, brillantes, muy cinematográficos, artísticamente irreprochables, pero que fue decreciendo en mí todo interés lentamente hasta que su languidecer se convirtió en un final para mi gusto un tanto ridículo.
Se me hicieron, sí, larguísimas
las dos horas y media de duración del film, escrito por el propio Del Toro junto
a su esposa, Kim Morgan, adaptando la novela homónima, Nightmare Alley,
de William Lindsay Gresham, publicada en 1946, que ya tuvo una primera
adaptación, un año después, dirigida por Edmund Goulding.
Admirable es la excelente fotografía
de Dan Laustsen y más que competente el reparto encabezado por Bradley Cooper,
Rooney Mara y Cate Blanchett, brillantemente secundados por Toni Collette,
Willem Dafoe, David Strathairn, Richard Jenkins…
Entiendo que, cuando escribo esto es así (aunque en breve habrá tenido lugar la ceremonia de entrega), El callejón de las almas perdidas opte a diversos Premios Oscar, como los de Mejor fotografía, Mejor diseño de producción y Mejor vestuario, pero no así que esté nominada como Mejor película. Y soy más de la opinión, en contra de muchos otros críticos cinematográficos, de un experto, Carlos Boyero, para quien (así lo escribió en El País), "al terminar esta película me asalta una sensación rara. Y es que no sé si me ha gustado o no. Es una película en posesión de cierto aroma, aunque a la que le falta algo muy necesario. No tengo claro de qué se trata". Quizás sea eso que llamamos verdad, algo tan inasible en todos los ámbitos de la vida.
En definitiva, es El callejón de las almas perdidas un drama ensortijado en el ámbito del cine negro que no remata como drama ni llega a ser cine negro, por más que lo imite. Pues esa imitación está por encima de la inspiración que convierte a una obra de arte en algo memorable, y no en un cliché.



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