El año pasado ya conté cómo había disfrutado serenamente de la banalidad genial de (las dos primeras temporadas de) una serie de televisión llamada Master of none (‘Maestro de nada’).
Ahora acabo de saborear su tercera temporada, estrenada este segundo Año de la Gran Pandemia, 2021, y protagonizada por Lena Waithe y Naomi Ackie, extraordinarias ambas, con una pequeña colaboración interpretativa del creador principal de Master of none, Aziz Ansari (el otro factótum es Alan Yang, directores los dos de los cinco capítulos de esta tercera entrega, maravillosamente fotografiada por Thimios Bakatatakis), en el mismo papel que había sido absoluto referente de las dos primeras temporadas de la serie estadounidense. Waithe y Ansari son los guionistas de esta tercera temporada, subtitulada Moments in love (‘Momentos de amor’, que es lo que son sus cinco episodios, que duran entre 25 y 55 minutos cada uno), de la que se ha dicho, no sin razón que es más un spin-off que una tercera temporada al uso.
¿Mejor que las dos primeras? Menos divertida desde luego, esto no es una comedia. De hecho, el escritor Sergio del Molino consideró en El País que “todo lo que antes era delicado y encantador se ha vuelto pedante, aburridísimo y detestable”. Esas frases son las que estuvieron a punto de convencerme de no ver Moments in love. No le hice caso y por eso ahora puedo decir que, si uno elimina de su mente de donde viene (las dos primeras campañas), se enfrenta a algo muy interesante que es esforzadamente mostrado como un pequeño drama atado a esa inconsistencia poderosa a la que llamamos vida, con sus emociones, amarguras, decisiones y derrotas. Y esperanzas. No es maravilloso, pero sí es capaz de transmitir la belleza indudable de los instantes acuciados por el olvido. Momentos de amor, en definitiva.
En el blog de cine y series Cinéfilos Frustrados, Cavia escribió
esto sobre la tercera de Master of none. Estoy bastante de acuerdo:
“Cambia todo lo
asentado por su antecesora, pero además del cambio de protagonista hay otro
aspecto que destaca enormemente, la estética. La temporada parece sacada del
cine más indie […], por una parte parece que quieran hacerte sentir cómodo,
como si estuvieras en casa, pero a su vez, la relación de aspecto tan cuadrada sirve
para aprisionar al espectador […].
Puede que no guste a muchos de los fans de la serie original, ya que prescinde en gran parte de su comedia para entregar un producto más naturalista y dramático, pero para todos aquellos que quieran ver la evolución no solo de los personajes, si no de la serie e incluso del género, ésta será una magnífica experiencia que dará para comentar y pensar.”


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