Manuel Bretón de los Herreros, Juan Eugenio Hartzenbusch, José de Espronceda, Mariano José de Larra, Ramón de Campoamor, Adelardo López de Ayala, Manuel Tamayo y Baus, Gaspar Núñez de Arce, Eduardo Rosales, Federico Chueca, Francisco Pradilla, Ruperto Chapí, Joaquín Ruiz Jiménez, Miguel Moya, Agustín Querol, Ramón Menéndez Pidal, Serafín Álvarez Quintero, Eduardo Zamacois, Joaquín Álvarez Quintero, Eduardo Marquina, Julio Camba, Elena Fortún, Pastora Imperio, Gregorio Marañón, Ramón Gómez de la Serna, Mariano Ozores Francés, Federico Moreno Torroba, Melchor Rodríguez García, Alberto Martín Artajo, Manuel Altolaguirre, Manuel Dicenta, Rafaela Aparicio, Carmen Conde, Alfredo Marqueríe, Luis Escobar, Porrina de Badajoz, José Luis Ozores, Torcuato Luca de Tena, Alfonso Paso, Sara Montiel, José Luis Borau, Manuel Fernández Aparicio, Manolo Tena… Y Ricardo Ibáñez Pascual y Adelaida Salas Díaz: mis padres.
El Sacramental
de San Justo es uno de los cementerios históricos más importantes de Madrid.
Está situado en el cerro de las Ánimas, en el barrio de San Isidro, distrito de
Carabanchel, junto al cementerio de la Sacramental de San Isidro, del
que la separa únicamente un muro. Fue construido a mediados del siglo XIX por
razones principalmente sanitarias y funerarias, luego de que se impulsara
gubernamentalmente desde décadas antes el traslado de los enterramientos fuera
de las iglesias y de los núcleos urbanos para evitar los problemas de
salubridad asociados a la acumulación de cadáveres.
En Madrid, como en
tantos sitios, las cofradías sacramentales comenzaron a levantar sus propios
cementerios extramuros, destinados inicialmente al enterramiento de sus
miembros y familiares. El cementerio de la Sacramental de San Justo fue una de
esas iniciativas, promovido por la Archicofradía de los Santos Justo y Pastor y
autorizada durante el reinado de Isabel II.
Cementerio de San Iidro y cementerio de la Scramental de San Justo, 1928.
La Archicofradía
Sacramental de los Santos Justo y Pastor es una institución religiosa
madrileña dedicada al culto eucarístico y a la asistencia espiritual y
funeraria de sus miembros. Su origen está vinculado a la parroquia de los
Santos Justo y Pastor, documentada desde la Edad Media y situada en el entorno de
la actual plaza de San Miguel. Se ocupaba de acompañar los entierros y
proporcionar sepultura a sus hermanos. La cofradía de los Santos Justo y Pastor
se creó ya en el siglo XVI, cuando surgieron en Madrid otras cofradías
sacramentales, como la de San Miguel o la de San Millán. En 1642, las tres
corporaciones se fusionaron, dando origen a la archicofradía (cuyo nombre
completo es Real e Ilustre Archicofradía Sacramental de San Miguel, Santa Cruz,
Santos Justo y Pastor y San Millán) que posteriormente promovería la
construcción del cementerio de San Justo. Su existencia está acreditada, entre
otros documentos, por su reglamento funerario de 1855, conservado en la
Biblioteca Regional de Madrid.
La construcción del cementerio fue autorizada por Isabel II mediante una real orden del 4 de noviembre de 1845. El proyecto fue encargado al arquitecto Wenceslao Gaviña, que tomó como referencia el desaparecido cementerio madrileño de San Nicolás y San Sebastián. Las obras comenzaron en 1846 y el recinto fue bendecido e inaugurado el 6 de agosto de 1847, festividad de los santos Justo y Pastor, con el entierro de Miguel Cullel, sacristán de San Millán. Inicialmente contaba con un único patio, el de San Miguel, al que se añadieron otros durante la segunda mitad del siglo XIX. En 1857 fue bendecido el patio de San Justo, donde se levantaron los primeros mausoleos del cementerio. En 1902 se construyó el Panteón de Hombres Ilustres, promovido por la Asociación de Escritores y Artistas Españoles. Entre sus primeros ocupantes figuraron Larra y Espronceda.
Durante la Guerra
Civil sufrió importantes daños, especialmente en sus galerías y monumentos
funerarios. Posteriormente fue objeto de diversas restauraciones y
ampliaciones. Sus panteones, esculturas y sepulturas monumentales constituyen
un destacado conjunto de arquitectura funeraria decimonónica, hasta el punto de
que el propio Ayuntamiento de Madrid lo describe como un auténtico museo al
aire libre.
Allí están los restos de mis padres y los de todas esas otras gentes que mencionaba al principio. En una colina madrileña sobre el río Manzanares, muy cerca de lo que fue tantos años su casa. Mi casa.
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