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Contar mentiras que parecen verdades


No había aún propiamente escritores en el mundo. Escritores como los de ahora, como yo, probablemente como tú, en estos tiempos nuestros en los que dicen que todo pichichi escribe. No los había digo: estamos más o menos en la Grecia de la segunda mitad del siglo VIII a. C. o, quizás, en la de la primera mitad del siglo VII a. C. Por cierto, a. C. es antes de Cristo, y ahora se empieza a usar más a. e. c., es decir, antes de la era común. Bueno, a lo que voy. En aquellos tiempos, los del siglo VIII o el VII antes de la era común, escribió alguien a quien conocemos como Hesíodo obras que han llegado hasta nosotros y siguen aparentando ser importantes y quizás siéndolo.

Lo que me interesa de Hesíodo es algo que me cuenta Irene Vallejo en esa obra maestra de la literatura ensayística que es su El universo en un junco, que en el proemio (es decir, el preludio o preámbulo) de su Teogonía se lee aquello de…

 

“Sabemos contar mentiras que parecen verdades, y sabemos, cuando queremos, proclamar la verdad”.

 

Las Musas le revelaron estas palabras a Hesíodo mientras él pastoreaba sus ovejas a las faldas del monte Helicón. Hablaban de poesía pero es que no había todavía prosa, así que hablaban, las Musas, digo, de literatura. Le pusieron en guardia sobre la dualidad de la poesía/literatura: esa ambigüedad del arte poético capaz de construir relatos ficticios idénticos a la realidad o de revelar verdades sagradas según la voluntad de las divinidades. Vaya por delante, insisto, que Hesíodo no nos habla de literatura, porque esa categoría, tal como la entendemos hoy, no existía para él. Nos habla del canto poético inspirado por las Musas, y concretamente de la autoridad del poeta para contar el pasado y hablar de los dioses.

Pero hoy sabemos que ese pasaje puede aplicarse a la literatura por extensión, pues lo que plantea es algo que con el tiempo ha resultado decisivo a la hora de pensar la ficción: la capacidad de inventar algo falso que tenga apariencia de verdad.

Claro que algunos siglos después vendrá Aristóteles y distinguirá entre lo sucedido y lo que podría suceder verosímilmente. En el capítulo IX de su Poética sentencia que la función del poeta no consiste en contar “lo que ha sucedido”, sino “lo que podría suceder”. La diferencia entre lo que ya podríamos llamar un historiador y un poeta/un literato no consiste en que uno escriba en prosa y otro en verso, sino en que “uno cuenta lo que ha sucedido y el otro lo que podría suceder”.

En fin…

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