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¿Te gustó más la peli o la novela? Hoy: Hamnet


En 2023 leí la octava novela de la escritora británica Maggie O'Farrell, Hamnet (que había aparecido en su idioma original en 2020 y fue traducida al mío espléndidamente por Concha Cardeñoso Sáenz de Miera un año más tarde). Me pareció, escribí sobre ella, una obra maestra de la literatura de nuestro tiempo, el asombroso resultado de las especulaciones artísticas de su autora, talladas ejemplarmente por medio de tus palabras sobre la imaginación del mundo.

Tres años más tarde vi su adaptación cinematográfica del mismo título, también británica, estrenada en 2025 y dirigida por la cineasta china Chloé Zhao, con guion suyo en colaboración con la mismísima O'Farrell, interpretada por Jessie Buckley (que se llevaría el Óscar correspondiente) y Paul Mescal, espléndida o casi la una, inanísimo el otro, con música del siempre majestuoso y solemne Max Richter y una delicada y poderosa fotografía responsabilidad de Lukasz Zal.

Si la novela me había conmovido y había supuesto un disfrute lector mayúsculo, la película me aburrió soberanamente y sus dos horas se me hicieron interminables. Muy lejos de lo que vieron en ella muchos críticos cinematográficos (“una soberbia exploración del dolor (...) una bellísima obra maestra (...), cine volcado a revertir los significados de las palabras, a conmover hasta la mismísima conmoción”: Luis Martínez en El Mundo; “elocuente, sensible y esclarecedora de materias que ni nos rozan pero sí nos incumben y fascinan”: Oti Rodríguez Marchante, ABC…).


Concuerdo más con Sergi Sánchez, que escribió en La Razón sobre la película Hamnet que en ella “la verdad de la escritora Maggie O’Farrell y de la directora (...) es una invención a la medida de los que creen en el arte como exorcismo (...) Una pena que esa invención esté tan calculada, tan diseñada para triunfar en las alfombras rojas”.

Claro que con quien coincido más que con nadie es con Carlos Boyero, cuando dejó escrito en El País que “no tengo nada que contar de ella. (...) Me aburro durante la proyección y al poco tiempo me olvido de ella. (...) me da todo un poco igual (...) La película me parece una nadería pretenciosa”.

No sí si poderoso, como dijo Nando Salvá en Cinemanía, pero el filme sí que es un “retrato sobre la crueldad de la muerte”, una reflexión “sobre por qué el arte importa”. Algo que, en cualquier caso, a mí me conmocionó vivamente cuando lo leí en la novela y muy poco o casi nada cuando lo vi en la peli.

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