La película española Yo no moriré de amor es el primer largometraje dirigido por Marta Matute, un auténtico prodigio cinematográfico, magníficamente escrito, dirigido, fotografiado e interpretado. Y breve (dura 94 minutos precisos, cabales, necesarios), pues renuncia a esas más de dos horas cada vez más, incomprensiblemente, habituales, a la hora de contarnos, mostrarnos, historias que pueden ser contadas, mostradas en mucho menos tiempo.
Estrenada en 2026, Yo no moriré de
amor (escrita por Matute y fotografiada por Sara Gallego) es un
drama familiar con tres ejes narrativos suspendidos sobre la misma realidad: la
adolescencia tardía, la enfermedad en la vejez y la maternidad (y la hijosidad).
Los cuidados, el amor, lo extraño que es todo a lo que nos enfrentamos siempre
sin manuales ni siquiera de supervivencia…
Con todo, lo mejor del largometraje (uno
de los seis mejores de 2026 para FilmAffinity a mitad del año) son las
actrices Júlia Mascort (la protagonista, debutante tras su primer
cortometraje), Sonia Almarcha y Laura Weissmahr y el actor Tomás del
Estal, impecables.
No me extraña que la crítica cinematográfica se volcara en mostrar las excelencias de esta película. Si Luis Martínez escribió en El Mundo que, en ella, “la directora, con la inestimable ayuda de un reparto muy cerca de la perfección, levanta un auténtico monumento de emoción, de certidumbre, de pena y de liberación; Javier Ocaña opinó en El País que es “un relato duro pero conmovedor, feroz pero esperanzador, con una cámara libre y ágil cuando debe, es pura sutileza y nunca es una obra que se regodee en la desolación, porque siempre hay una luz salvadora”.
Oti Rodríguez Marchante, por su
parte, dijo en ABC que “no necesita trampas sentimentales para que el
espectador la viva y la padezca”.
“Brillan, además
del magnífico cuarteto protagonista, la justeza del tono, la ecuanimidad de las
elipsis, la delicadeza del ritmo y la claridad de la narración”.
Jordi Batlle
Caminal: La Vanguardia
Más: es “oscura, no sombría, pero sí
introvertida, emocionante” (Nuria Vidal, Cinemanía); “una película de
una honestidad emocional brutal” (Laura Pérez: Fotogramas).
El cine miente a su manera siempre porque sabe que ni puede ni quiere calcar la verdad o lo que sea que ocurre en este mundo que habitamos. Yo no moriré de amor no sabe mentir pero es consciente de que lo hace, sometida como está al puro arte cinematográfico.


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