¿Y si la bondad fuera una estrategia de supervivencia? La maravillosa película estadounidense de animación Robot salvaje, el quinto largometraje dirigido por el estadounidense Chris Sanders, dura poco menos de cien minutos impecables y fue estrenada en 2024. Su preciosa música fue responsabilidad de Kris Bowers y la fotografía, la animación en sí misma, corrió a cargo de Chris Stover. Sanders se encargó de escribir su excelente guion, adaptando la novela The white robot de Peter Brown (ilustrada por él mismo) publicada en 2016 (y editada en mi idioma tres años después con el título de Robot salvaje).
Para FilmAffinity fue la cuarta mejor película de aquel año, estaría entre las 30 mejores películas de ciencia-ficción de la historia (en el puesto 27) y sería la número 40 de cuantas películas de animación existen.
¿Qué ocurriría si un robot creado para resolver tareas humanas cae inesperadamente en una isla poblada solamente por animales? Robot salvaje, eso es lo que ocurriría. Un canto a la fraternidad, al cuidado compartido, a la crianza. Al amor, en definitiva. A la bondad. Una película buenista, pero buenista de las de buenismo bueno. No de las del buenismo bobo. Y está tan bien hecha… A todos los niveles, gráfico, de animación pura y dura, de escritura fresca y solvente, de ritmo impecable… Opino igual que Javier Ocaña, crítico cinematográfico de El País, para quien Robot salvaje es fresca y trascendente. Este “emotivo y bello canto ecologista” (como dijera del filme Javier Yuste en El Cultural) es tremendamente entretenido, un clásico ya del cine familiar.


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