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Cosas que leo en los libros que leo (59)

Uno lee libros por diversas razones, para asombrarse es una de ellas. Lo que siguen son asombros provocados por los libros que leo.

 

Canadá


“Canadá, en muchos aspectos, le parecía superior a los Estados Unidos. Canadá era un lugar más cuerdo, más tolerante, más amistoso, más seguro, con menos pleitos. […]

Los Estados Unidos gestionados por suizos”.

Richard Ford: Pecados sin cuento (relatos), 2002

 

Ser novelista

“ Todo novelista vive en una torre de marfil, por supuesto, pero solo mientras escribe sus novelas; en cuanto deja de escribirlas, baja de la torre y se reintegra, como uno más, en la sociedad a la que pertenece. El novelista es un novelista, pero también es un ciudadano.

La dicotomía es ineludible, y no resulta fácil gestionarla sin estropicios, porque ambos personajes no son solo disímiles: en casi todos los sentidos, son opuestos. La herramienta de conocimiento esencial del novelista es la ironía, entendida tal y como la entendió a fines del siglo XVIII August Wilhelm von Schlegel: como «la forma de la paradoja». Don Quijote está loco, pero al mismo tiempo está cuerdo; don Quijote debería estar ingresado en un sanatorio psiquiátrico, pero al mismo tiempo es un hombre inteligentísimo, capaz de discurrir con la máxima lucidez sobre los asuntos más complejos, desde la justicia hasta la filosofía o la literatura. Eso es la ironía. Don Quijote es un personaje cómico, risible, pero al mismo tiempo es un personaje heroico, el «rey de los hidalgos, señor de los tristes», que cantó Rubén Darío. Eso es la ironía: esa contradicción irresoluble, esa ambigüedad central. Todo en el Quijote funciona así; esas son las verdades de las novelas: verdades ambiguas, contradictorias, bífidas, poliédricas. Por eso escribió Thomas Mann que las novelas no dicen ni Sí ni No, sino Sí y No al mismo tiempo: don Quijote está loco y no está loco, es risible y es heroico. Por eso el novelista no debe tomar partido: su obligación consiste en mantenerse siempre, respecto al mundo de sus novelas, distante e imparcial, «como un dios que se lima las uñas», por usar la imagen de James Joyce”.

Javier Cercas: El periódico de la democracia, 2026

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