Uno lee libros por diversas razones, para asombrarse es una de ellas. Lo que siguen son asombros provocados por los libros que leo.
Cuando estaba naciendo
Gabinete Caligari
“[Eran los comienzos del año 1980.] Ferni y yo, abstraídos del entorno, conspirábamos con Jaime para formar el grupo definitivo, comprimido y sin adláteres, seco como nosotros mismos: guitarra, bajo y batería, un trío sintético con influencias sincréticas: los Stones y Burning, sí, pero también los Kinks y The Theater of Hate, los Doors los Jam y los Clash. Todavía pasaría un tiempo, corto, respetando las urgencias del hoy hasta que encontramos nuestro lugar en el mundo, en la escena, del Rollo a la Movida…”
Edi Clavo:
Suite nueva ola, 2026
La columna de Francisco
Umbral en El País
“Por ella desfilaba el tout Madrid
—quien no existía en las negritas consuetudinarias de la columna de Umbral no
existía—, desde artistas, plumíferos y políticos hasta el panadero de la
esquina o damas de sociedad que, como Pitita Ridruejo, nadie sabía quiénes eran
salvo por la columna de Umbral. Este era un género literario en sí mismo: cada
una de sus piezas contenía una idea, una emoción y una historia; en cada una de
ellas Umbral quemaba un ensayo, un poema y un relato. Pero lo mejor, por
supuesto, era la prosa, una prosa barroca, urgente, gamberra y callejera, al
mismo tiempo culta y popular, empedrada de endecasílabos y de greguerías,
impregnada de Quevedo, de Larra, de Valle-Inclán, de Gómez de la Serna, de
González Ruano y de Cela, una prosa cosida a un Madrid insomne, castizo,
urbano, multitudinario y fantasmal, que parecía una ciudad inventada (eso es lo
que hacen con las ciudades los escritores auténticos: inventárselas). Umbral,
en suma, era la estrella indiscutible de aquel periódico. Umbral, tío, tronco,
era demasié”.
Javier Cercas: El periódico de la democracia, 2026

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