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Edi Clavo nos lleva con Suite nueva ola al Madrid de 1979 y 1980


Cuatro años después de su brillante Viva el Rollo¡ Una crónica de Rock & Rollo de la España de 1975, Edi Clavo publica otro de sus magníficos libros dedicados a la cultura pop y underground, Suite nueva ola. Estamos en 2026, pero él nos lleva a 1979 y 1980. Nos lleva a Madrid. Nos lleva “del Rollo a la Movida”. Nos deja en las puertas de la Movida, porque lo que nos cuenta, como protagonista auténtico de lo que ocurrió, como uno de ellos, y no cualquiera, es lo que podríamos llamar, así lo hace él, la nueva ola madrileña. Y lo hace de una forma literaria excepcional, diríase que hasta didáctica, pero sobre todo estupenda.

“Algunas noches recalaba en El Búho Musical para saber qué era lo que no procedía y lo que se cocía en el extrarradio más allá del Manzanares, pero lo que realmente me desperezó fueron los programas de Onda 2, esos espacios me revivieron y me recondujeron hacia el filón apropiado después de la fiebre del oro y la fiebre del ácido… pero el punk entonces me sonaba a bluff”. Estamos a finales de 1978, la rampa de salida de Suite nueva ola.

 

“Cuando vi a los Ramones atacando Surfin’ bird en Musikladen entendí la revolución. […]

Fueron la constatación de que la actitud había devorado a la aptitud”.



 

Volvamos un momento a 1975. Escribe Edi Clavo que, desde entonces. desde ese año, “la música, el rock, sería el elemento cardinal alrededor del cual se iba a gestar y alimentar todo un cúmulo de actividades, pasiones y delirios, un catalizador esencial para entender los cómos y los porqués de muchas de las posturas, dimes y diretes posteriores… desde entonces hasta hoy”. El autor, evidentemente, no habla solamente de sí mismo.

 

          “Otros tiempos. otras costumbres. O tempora, o mores.”

 

[…]

 

Aquella era una “revolución liliputiense y espumosa”. ¿Se puede decir mejor? Los hallazgos expresivos de Edi Clavo.

 

“Si todos estos ya están en la pista de despegue nosotros no vamos a ser menos... vamos a ella...”

 

Por el libro desfilan grupos (Kaka de Luxe, Ejecutivos Agresivos, Trastos, Paraíso, Radio Futura, Alaska y Los Pegamoides, Zombies…), salas (El Sol, El Escalón…), bares (Pentagrama, La Vía Láctea…), emisoras, periodistas musicales, sobre todo de la radio y la tele, como Jesús Ordovás, Diego A. Manrique, Rafael Abitbol, Gonzalo Garrido, Mario Armero, Juan de Pablos, por supuesto aquellos artistas sin pericia o con ella, Alaska, El Zurdo (que acuñara aquello de que lo que ocurría entonces era “la mixtura perfecta entre el arte y la estupidez”) Entre los grupos no pueden faltar Ella y Los Neumáticos, donde el autor tocara la batería, y a cuya andadura dedica muchas de las páginas, no tantas, del libro (tres de cuyos componentes aparecen en la foto de cubierta: Edi, autor de la foto, Christina Rosenvinge y Ferni Presas), o el otro grupo en el que se integró antes de Gabinete Caligari: Los Automáticos.



 

[…]

 

Qué razón tiene Edi Clavo cuando dice eso de que los discos de uno eran en aquellos tiempos “como la cadena de ADN que mostraba los elementos cardinales de nuestros gustos y tendencias”.

En aquel año 1978, en 1979 también, claro, ya “se agitaban las tendencias dispersas y anárquicas de la new wave, esa nueva ola que llegaba dispuesta a sepultar a Yes y a la Mahavishnu Orchestra, a enterrar a King Crimson y a Eric Clapton… a Dios gracias”.

¿Qué era lo interesante? “Lo caótico, la imperfección como ariete estilístico” y, repite el fotógrafo y baterista, “la actitud sobre la aptitud”. Lo interesante era lo punk. “Tras el desbaste, llegaba el pulimento”.

 

“Miscelánea y eclecticismo resultaban conceptos malditos, odiosos, dos rutas estilísticas sin salida. Había que mostrarse radical, borrar del mapa los efluvios y vicios recurrentes del rock reciente y aburrido. Nada de Rod Stewarts y Roger Daltreys   ¡A la mierda Yes! […]

Los 70 estaban muertos, el star-system devenía obsoleto a todas luces y las greñas debían ser puestas en remojo para el corte a la moda o quizá de cara a un reciclaje inminente […]

A la mierda la aptitud, viva la actitud y bienvenida la disidencia”.

 

[Lo de la aptitud y la actitud se ve que le gustó a Edi].

Estamos ya a comienzos del año 1980, cuando todo iba “muy deprisa, con la velocidad desaforada de los que no tenían nada que perder y muy poco por lo que preocuparse”. Lo sé muy bien.

 

La música como medio y lo musical como excusa. La imagen como constructo y la posee como pertrecho. La opinión como credo y el vituperio como paráfrasis”.

 

Toma ya.

Todo aquello ocurría durante lo que el autor tacha de “la mal llamada Transición” (sic). No lo olvidemos.

 

“En el caldo de cultivo de aquellos desmadres, el barrio de Malasaña se decantó como el crisol de todos los rollos, el corazón de las tinieblas”.

 

1980: la nueva ola (madrileña) frente “al sabor añejo de lo pasado de moda, del desconcierto estilístico”[…], un cajón desastre ensimismado” frente a “la proyección centrífuga, desperdiciada y expansiva de la nueva ola madrileña”. Edi Clavo considera que “Barcelona se miraba al ombligo mientras Madrid se teñía los pelos de la dehesa”. Madrid resultaba “una ciudad bronca y mesetaria, pero supo hacer del desperdicio un arte funcional matando a Miles Davies”. Aquel “pop madrileño de corte postadolescente, naif y desafinado propició el vuelco de las costumbres y la revolución trivial que luego fue la Movida”.

Leemos en Suite nueva ola algo respecto de la relación entre las ciudades de Madrid y Barcelona que acaba por resultar bastante interesante en el contexto del libro:

 

“Si los Stones en Barcelona en 1976 certificaron la homologación europea de las huestes del Rollo, los Ramones en Carabanchel en 1980 harían lo propio con la generación siguiente: Madrid tomaba el relevo porque Barcelona hizo flop y allí estábamos nosotros para atestiguarlo por persistencia y con veneración”.

 

No podía faltar Pedro Almodóvar. Y no falta. A su primer largometraje, Pepi, Luci y Bom y otras chicas del montón, le dedica algunas páginas elogiosas (gustó mucho en su entorno) que rubrica con eso de “al fin y al cabo estábamos aplaudiéndonos a nosotros mismos”.


En aquellos primeros meses del año 1980, Lo que se imponía era una nueva inmediatez “con nuevos referentes, otros paradigmas, y, sí, quizá era algo forzada la recuperación posmoderna de un pasado mítico, no vivido, pero para eso estaba el presente y sus veleidades”.


Al final de su libro, Edi Clavo nos hace vislumbrar Gabinete Caligari, el grupo que lo llevó a la fama (“el grupo definitivo, comprimido y sin adláteres, seco como nosotros mismos: guitarra, bajo y batería, un trío sintético”), un nombre que él no escribe en momento alguno aquí.

 

Madrid era nuestro. Lo estábamos esculpiendo a placer, golpe a golpe. Un Madrid lleno de españoles anodinos, ocres que no grises, y los cuatro enterados, los que sabíamos de qué iba el rollo, ya con minúscula, porque al fin y al cabo todos veníamos de allí, del Rollo con mayúscula. La nueva ola no era más que la vieja rémora del underground remodelada, puesta al día, actualizada en una forzada sincronía a matacaballo con lo que se cocía en Londres y Nueva York y parcheada con la picaresca del punk a la española”.

 

¿No es genial?

“Del Rollo a la Movida”.

 

Este texto pertenece al artículo ‘Del Rollo a la Movida (Edi Clavo lo vuelve a hacer)’, publicado el 7 de julio de 2026 en Nueva Tribuna, que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.

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