Arroyito y Pozuelón eran los tíos abuelos de Juan Carlos Arroyo Urbina y Ángel Javier Pozuelo Gómez. Murcianos. Tíos y abuelos murcianos.
Juan Carlos Arroyo Urbina y Ángel Javier Pozuelo Gómez nacieron en Madrid, el uno en 1959 y el otro dos años antes. En 1981, ya ha llovido, comenzaron a actuar juntos en las calles madrileñas y acabaron por hacerse llamar cada uno Carlos Faemino, el uno, y Javier Cansado, el otro, de lo cual resultaría que juntos seríansonserán Faemino y Cansado. Para que luego digan que esto es fácil.
Arroyito y Pozuelón finalizaron
muchos de los chous de FyC, pero todos sabíamos que Arroyito y Pozuelón eran
ellos. Entre otras razones, porque ellos lo decían. Que les rendían un homenaje
a Arroyito y Pozuelón. Por cierto, hasta hace poco yo creía que eran Arroyito y
Pozolón, pero no, es que escuchaba mal yo lo de Pozuelón y oía yo lo que
salíame de las narices. Pozolón. Pues no.
Yo los he visto actuar en un teatro madrileño en el siglo XX y los he visto actuar en un teatro madrileño en el siglo XXI. La falta de herramientas de Faemino es inolvidable. Mira que no tener herramientas. Con los tiempos que corren... Pero donde más los he visto, y mucho, ahora en YouTube, eso sí, fue en la tele, cuando vivíamos en casa de mis padres mis hermanos y yo. Lo de Cuca, ¿lo cuento?
Voy.
Empiezo por aclarar para los que
estén más perdidos que carracuca (nada que ver con mi madre, con Cuca) que CyF,
digo FyC, Faemino y Cansado, qué leches, son humoristas, son un dúo cómico para
el que no tengo palabras. Bueno estas que lees. Sigo con lo de Cuca, mi padre y
mis hermanos. Y la tele.
Había una hora determinada en un
tiempo concreto en el que en casa nos avisábamos los unos a los otros, en un
determinado instante de la tarde-noche de cada domingo, para decirnos: lodeFaeminoyCansadooooo. Dejábamos lo
que estuviéramos haciendo, que era ver otro canal, así, en líneas generales o
qué se yo, y allí, en nuestra pequeñita salita de estar que era además el jol,
nos concentrábamos todos para ver y reírnos a carcajada limpia con lo de esos
dos tipos a los que tan bien conocíamos ya. ¿Todos? Sí, mi madre también.
Porque Cuca estaba ahí, de suyo, sentada frente a la tele a esa hora. Y
entonces... Ellos, Carlos y Javier, comenzaban a soltar sus chorradas plenas de
significado insignificante y sencillamente CÓMICO, y a nosotros no nos quedaba
otra cosa que hacer que descacharrarnos, partirnos la caja, que se decía de
aquélla, morirnos figuradamente, gracias a Dios, de risa, de una risa
contagiosa. ¿Contagiosa? No para mi madre que nos miraba y, así, muy digna y
repleta de sentido histórico, nos soltaba, muy mosqueada por no comprender
nada: ¿cómopodéissertanjilipoyas?
Cuca.
Que digo yo que a lo mejor te importa
un bledo que te diga que Arroyito y Pozuelón no existieron antes de que Faemino
y Cansado nos hicieran creer que eran sus tíos abuelos (murcianos) a los que
les rendían, como se dice ahora, tributo.
Por cierto, este es mi pequeño
tributo a los dos mendas que probablemente más me hayan hecho reír en mi vida
sin que yo les conociera de nada más que de verlos en la tele (y ahora en
YouTube) y una vez cada treinta años o así en los teatros (madrileños). Y sí,
hay que tener herramientas para
reírse con Faemino y Cansado. Las herramientas de Cuca no la sirvieron para
reírse con sus chorradas, pero sí para educarnos a mí y a mi hermano y a mi
hermana estupendamente, y ser capaces de reírnos los tres (como se reía mi
padre Ricardo) de las chorradas de Juan Carlos Arroyo Urbina y Ángel Javier
Pozuelo Gómez, madrileños ambos, como nosotros.

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