En un artículo reciente, estimable en muchos aspectos, sus autores, Miguel Alonso Ibarra y Luis A. Ruiz Casero, no dudaban en afirmar que “las capacidades de Franco como estratega dejaban mucho que desear”. Esta aseveración se ha convertido en un lugar común, especialmente entre cierta historiografía moderna. Por el contrario, sus hagiógrafos, desde Manuel Aznar hasta Ricardo de la Cierva, o los generales Rafael Casas de la Vega y Salvador Fontenla Ballesta lo han presentado como el perfecto general. Solo en el seno de la historiografía anglosajona, historiadores como Geoff Jensen o Lisa Lines han tratado de analizar objetivamente su figura. No obstante, y más allá de comparaciones y calificaciones, para juzgar al Generalísimo rebelde como militar se hace preciso partir de las cuatro capacidades que definen esta profesión:
¾ Táctica: capacidad
para disponer las unidades en el campo de batalla o cerca de él para alcanzar
el triunfo en un combate puntual. Por tanto, sería el “Arte de la Batalla”
¾ Estrategia:
capacidad para alcanzar el objetivo político que se persigue a partir de la
utilización de los recursos militares de los que se dispone, empleándolos de la
forma más eficientes. La estrategia es, por tanto, el “Arte de la Guerra”.
¾ Arte operacional:
concepto que tiene su origen en la Escuela Militar Soviética, concretamente en
el general Vladimir Triandafillov −aunque se puede
vislumbrar su origen en la obra del general suizo Antoine-Henri Jomini y del
español Ricardo Burguete y Lana−, y puede definirse como la capacidad para
planear y coordinar las operaciones de grandes formaciones dentro del contexto
de una campaña. Por tanto, se sitúa en un punto intermedio entre la táctica y
la estrategia, y puede definirse por tanto como el “Arte de la Campaña”.
¾ Liderazgo:
conjunto de habilidades y destrezas que permiten a un militar dirigir y motivar
a sus subordinados para que cumplan las misiones asignadas, y mantener elevada
la moral de sus tropas.
Por
último, debemos citar otro concepto de gran importancia: doctrina militar, que
puede definirse como la expresión formalizada del conocimiento y pensamiento
que un ejército acepta como vigente en un momento determinado. Aborda la
naturaleza de los conflictos que pueden librarse y la preparación del ejército
para combatir con éxito en los mismos.
Muy
pocos miliares a lo largo de la historia han sobresalido en táctica,
estrategia, arte operacional y liderazgo. La única excepción fue el más
grande general de la historia, Subotai, jefe de los ejércitos de Gengis Kan y
Ogodei Kan que, en la primera mitad del siglo XIII, dirigió 20 campañas y
venció en 65 batallas, conquistando un territorio que se extendía desde el mar
del Japón hasta Hungría. Su forma de hacer la guerra fue profundamente
estudiada por los generales George Patton y Erwin Rommel, y los mariscales
soviéticos que desarrollaron la Doctrina de las Operaciones Profundas a partir
de sus enseñanzas. Por el contrario, la mayor parte de los militares han tenido
una o varias de estas capacidades, pero no todas. Así Rommel era un excelente
táctico, pero su arte operacional y su visión estratégica no eran especialmente
brillantes. Además, era un gran líder en la victoria, pero un pesimista en la
derrota. ¿Y Franco?
Mi
libro Franco, militar: una biografía breve (publicado en
los primeros meses de 2025 por Ediciones 19), donde analizo su figura como
militar, nunca como político ni dictador, se ha elaborado a partir de las
siguientes tesis:
1.
Franco
formó parte de una institución, la militar, que en la España de los primeros
años del siglo XX no era una élite, ni por prestigio social, ni por formación
de sus integrantes, ni por los medios de los que disponía. Por el contrario,
era una simple agencia de empleo para los vástagos de las clases medias
bajas de provincias que les permitía asegurarse una nómina vitalicia.
2.
En
la academia de Infantería de Toledo no recibió una correcta educación
para desarrollar su profesión, ya que los conocimientos teóricos tenían un peso
mucho mayor que los prácticos. Esta era una característica común en los
Ejércitos de Occidente, salvo tal vez el alemán.
3.
En
Marruecos fue un militar atípico porque ascendió rápidamente al
generalato por méritos de guerra a la edad de 33 años. Por un lado, esta
fulgurante carrera le impidió adquirir las capacidades y experiencias propias
de cada empleo militar. Por otro, le convirtió en un líder de hombres y un buen
táctico al frente de pequeñas unidades de no más de 3.000 soldados. El
resultado fundamentalmente fue el convencimiento de que las tácticas africanistas
eran las únicas eficientes y válidas para un militar español.
4.
En
la Academia General Militar de Zaragoza (AGM), donde actuó como director
entre 1928 y 1931, quiso crear y enseñar una doctrina militar española basada
en sus experiencias africanas y en una formación fundamentalmente práctica.
5.
Durante
el periodo republicano, Franco ascendió a la cúspide del Ejército al ser
nombrado primero jefe superior de las Fuerzas Militares de España en Marruecos
y posteriormente jefe del Estado Mayor Central. Además, desarrolló su faceta de
planificador al diseñar un proyecto de defensa para las Baleares, un programa
para la modernización del Ejército español y coordinar las operaciones para derrotar
a los revolucionarios asturianos en 1934. Esta suma de dinámicas le
convencieron de dos hechos claves. El primero, que la doctrina militar africanista
era aplicable al territorio español. La segunda, que tenía que liderar la
conspiración contra el Gobierno del Frente Popular en la larga primavera de
1936. Aunque no consiguió su propósito, terminó uniéndose a este proyecto
tardíamente.
6.
En
el periodo comprendido entre agosto y septiembre de 1936, ya estallada la Guerra
Civil española, como jefe del Ejército de Marruecos, realizó una guerra
africana al frente de sus columnas, obteniendo un notable éxito
operacional, aunque no conquistase Madrid porque prefirió levantar el asedio
del Alcázar de Toledo. Estos triunfos, unidos a las muertes del teniente
general José Sanjurjo Sacanell y del general de división Manuel Goded Llopis,
al fracaso del de brigada Emilio Mola Vidal en su operación para tomar la
capital en los primeros días de agosto y al apoyo de sus colegas monárquicos,
permitió su elección como Generalísimo de los Ejércitos y Jefe del Estado
Español el 1 de octubre de 1936.
7.
Entre
octubre de 1936 y marzo de 1937, Franco se encontró con una guerra europea para
la que no tenía tropas ni estaban preparados ni él ni sus mandos −tampoco sus
enemigos republicanos− y con la presión añadida de
un grupo de generales encabezados por Mola que no aceptaban su jefatura
política. El resultado fue que en las diferentes operaciones para conquistar
Madrid que se sucedieron en ese periodo demostró todas sus carencias tácticas,
estratégicas, operacionales y organizativas, producto de su formación
exclusivamente africanista. Sin embargo, estos fracasos también le
sirvieron como aprendizaje, reforzando su liderazgo militar.
8.
Entre
abril y octubre de 1937, permitió que se pusiera en marcha la campaña del
Norte, que no solo terminó con una rotunda victoria rebelde, sino que le
demostró que un conflicto europeo como la Guerra Civil debía librarse con
unidades convencionales −divisiones orgánicas y cuerpos de ejército− y con una
doctrina militar similar a la que se enseñaba en los países del continente.
Además, durante este periodo murió Mola y se convirtió en jefe del partido
único Falange Española Tradicionalista y de las Junta de Ofensiva Nacional
Sindicalista, asegurando definitivamente su hegemonía en el campo rebelde.
9.
Entre
noviembre de 1937 y abril de 1938, y como consecuencia del ataque republicano a
Teruel, Franco plasmó el aprendizaje que habían supuesto los meses anteriores
en un ejemplo de arte operacional que le permitió dividir la zona
republicana en dos partes. Esta fue, sin duda, la campaña más brillante de
la Guerra Civil y la demostración de que se había transformado en un buen
general europeo.
10.
Entre
abril y julio de 1938, sin embargo, abandonó su “faceta europea” y se encomendó
a la baraka (Gracia Divina o suerte) africana, en una suerte de
oportunismo estratégico, para prolongar innecesariamente la campaña de
Valencia, que terminó en un sonoro fracaso.
11.
Entre
julio y octubre de 1938 tuvo que enfrentarse al contraataque republicano en
el Ebro. Fue en esta batalla donde demostró sus verdaderas dotes como
estratega al aceptar y librar hasta el final un combate de desgaste donde sus
recursos eran mayores. Su objetivo era destrozar la moral y acabar con la
capacidad de resistencia del Ejército Popular de la República, para acortar la
guerra. Su éxito fue completo.
12.
La
campaña de Cataluña librada entre diciembre y febrero de 1939 fue una simple
persecución de un enemigo en retirada, mientras que la ocupación del resto del
territorio republicano se vio favorecido por los conflictos internos en este
bando. El 1 de abril finalizó la Guerra Civil.
13.
Durante
el periodo comprendido entre 1939 y 1975 Franco fue un agudo observador de los
conflictos bélicos que tuvieron lugar en estos años, que interpretó a partir de
su experiencia bélica y de una cierta posición de superioridad dada su
condición de militar victorioso en dos guerras.
El
resultado final de este proceso de autoconstrucción fue un militar solvente
en las cuatro capacidades que definen esta profesión.
Para
desarrollar estas tesis he utilizado en Franco, militar: una biografía breve
fundamentalmente fuentes bibliográficas, que aparecen recogidas al final de
la obra.
Por
último, he optado por un desarrollo cronológico para analizar al Generalísimo
rebelde como militar, articulando la obra en seis capítulos.
En
el primero, se estudia el Ejército español a comienzos del siglo XX y al Franco
cadete de Infantería.
En
el segundo, se explica su paso por Marruecos, abordando las principales
acciones que le llevaron al generalato y que le forjaron como militar.
Igualmente se incluye su periodo como director de la AGM. Es uno de los dos
capítulos centrales de la obra.
En
el tercero, se estudia la figura de Franco durante la II República y su papel
en la conspiración que se desencadenó en julio de 1936.
En
el cuarto, se describe su papel como jefe del Ejército de Marruecos en los
primeros meses del conflicto y las causas que le llevaron a convertirse en la
cabeza de la España rebelde.
En
el quinto, se aborda la Guerra Civil entre octubre de 1936 y marzo de 1939,
analizando las principales campañas, así como el proceso de transformación del
general africanista en el estratega europeo. Es el otro capítulo
principal de la obra.
Finalmente, en el sexto, Franco aparece como un líder militar en una atalaya desde la que interpreta y juzga los conflictos que se desencadenaron entre 1939 y 1975.

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