No sé qué opinarían los extraterrestres si escucharan Made in Japan. Si son seres inteligentes, apreciarían su energía y su color. Creo que Nietzsche habría elogiado el álbum. Por su alegría, por su descaro, por su rebeldía. Durante los meses que duró el tratamiento, Piedad y yo hemos escuchado Made in Japan infinidad de veces. Entre sus surcos hemos aprendido que no hay nada más inútil que la tristeza y que bailar no es algo banal, sino la forma más perfecta de celebrar la vida.
El amor no correspondido siempre es doloroso. Sin embargo, el amor a la música nunca produce esa sensación. Es suficiente colocar la aguja sobre un vinilo o pulsar un botón de reproducción para sentir su abrazo cálido y sincero. La música desconoce la pereza. Siempre está ahí, esperándonos. Ahora que ha pasado lo peor, Piedad y yo volveremos a escuchar esos vinilos que nos acompañan desde nuestra juventud y que —como proclama Gimme shelter», la famosa canción de los Rolling Stones— siempre serán un refugio en mitad de la tormenta.
[Este es un fragmento del libro de Rafael Narbona Elogio del amor, que se publicará en abril de 2025]

El amor a la música llena la vida, nunca te abandona, enriquece, te revitaliza. Es imprescindible como “pareja “, junto con la lectura y los amigos de verdad. Soy Blanca de las Heras Azofra y seguidora de tus publicaciones.
ResponderEliminarMuchas gracias por tus aportaciones, Blanca.
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