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La angustia y el perro semihundido de Goya; por Rafael Narbona


La materia humana no es pura inercia biológica, sino conflicto, tensión, duda, fervor, ensueño, disputa, paradoja. La angustia es la percepción privilegiada del instante, la llama que enciende la memoria, la flecha que apunta hacia la eternidad. La angustia es el grito que nos mantiene despiertos. La angustia no es una categoría filosófica, sino una vivencia que hace posible la filosofía y el arte.

Las pinturas negras de Goya rebosan angustia. Perro semihundido es una composición misteriosa que contiene la agonía del nacimiento y la incertidumbre del fin. Entre un mar de dunas, el perro alza la cabeza, luchando por no ahogarse en unas arenas movedizas. Tal vez sólo está escondido, pero sus ojos, dulces y humanos, parecen estremecidos por el vacío y la soledad, acentuados por un cielo de un cromatismo imposible, donde confluyen el ocre, el verde y el amarillo. El cielo alto e inverosímil nos sugiere que la vida es un estado de excepción, algo insólito y precario, abocado a una inevitable disolución, pero el perro no parece dispuesto a sucumbir bajo el talud que se precipita sobre su cabeza como un gigantesco vómito. El perro utiliza su angustia para sobrevivir, pero no se hace ilusiones sobre su futuro. Si consigue liberarse, sólo le aguarda el desprecio de los hombres, que le ahuyentarán con palos y piedras. Tendrá que merodear por los vertederos, alimentarse con sobras, beber en charcos de agua sucia, protegerse del frío y la lluvia en zaguanes umbríos.

La angustia me hizo abrir los ojos y algún día me los cerrará. Aunque pudiera, no reescribiría mi vida. Todo lo que ha sucedido era necesario. Entiendo que el destino, el nombre que le damos al azar para volverlo tolerable e inteligible, es más grande que mi yo. La angustia es mi hogar, el único hogar que conozco. La angustia no es un grito, sino una noche cenicienta que nos ofrece su caudal infinito para transitar hacia lo desconocido.


 

[P.S. Es este un viejo texto que escribí hace muchos años mientras luchaba contra la desesperanza y el miedo. Ahora estas palabras han vuelto a resonar en mi interior, quizás porque este verano vendrá con una notable carga de angustia y dolor.]

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