La vi con otro yonqui en el semáforo.
Pasó vendiendo clínex junto al coche
y entonces nos miramos fijamente.
Busqué algunas monedas con la prisa
del que huye sin volver la vista atrás.
Las puse entre sus manos recordando
las veces que cubrieron de caricias
los pliegues más oscuros de mi cuerpo.
Subí la ventanilla y se alejó
igual que aquella tarde de noviembre.
En la radio sonaba Nacha Pop
y entre el humo y los cláxones del tráfico
la voz de Antonio Vega se colaba
como una letanía en mi cabeza.
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| Pedro Arjona |

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