Le pido al escritor Roberto Villar que escriba sobre El caso Rawson y me dice para empezar que es una novela “inquietante” que se basa “en el no menos inquietante guión de largometraje escrito por Miguel Villar”, su hijo. (Roberto, guionista él, siempre escribe la palabra guión con su tilde de toda la vida.)
Lo que sigue son las palabras de Roberto:
“Adrián Rawson, el mítico científico, empresario y director
de un museo de los horrores, tal vez muera en la cárcel después de haber
alcanzado el éxito profesional y la felicidad junto a Eva, su mujer. ¿Cómo ha
acabado allí?
La vida de la pareja transcurría en perfecta armonía, aunque
siempre bañada por la lúgubre mirada de sus adorados cadáveres, criaturas
guardianas de su mutuo proyecto de vida: el museo Forense Capitalino, una colección
muy especial, en la que se exhiben cuerpos humanos más o menos mutilados.
Una rápida obsesión despierta y crece en la cabeza de Rawson.
No va a resultarle fácil escapar del monstruo que ha generado dentro de sí”.
Roberto
Villar cierra su comentario sobre la primera novela escrita con su hijo con
estas palabras:
“El caso Rawson nos habla de lo siniestro que puede llegar a ser el terror
que nace dentro de nosotros; de la herencia paterna; de los extraños
disfraces que llevan el deseo y el amor; de cómo estamos en manos de fuerzas
difusas a las que apenas podemos hacer frente”.

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