La película española Que nadie duerma es la versión cinematográfica de la novela homónima del escritor Juan José Millás. No sé cuánto del libro de Millás hay en este largometraje fallido ni me importa.
Estrenada en 2023, con dos horitas de metraje, Antonio
Méndez Esparza dirige un film que se va desmoronando a medida que uno va
comprendiendo que lo que ha estado viendo es una historia boba y vacía de la
gracia o la profundidad que parecía estar teniendo durante su trastabillado
recorrido. A Méndez Esparza le ayuda Clara Roquet a adaptar la citada novela de
Millás, resultando un guion poco consistente que acaba con un desenlace
inclasificable que a mí me deja con la boca abierta, reprimiendo un bostezo.
¿Qué es lo que hace que este largometraje tenga un
cierto interés? La superlativa interpretación de Malena Alterio (ganadora del Premio
Feroz a la Mejor actriz protagonista), quien imagino que fue capaz de entender
lo que Méndez y Roquet se traían entre manos.
En FilmAffinity catalogan esta película como un drama de intriga, como una comedia dramática y como una comedia negra. De comedia tiene poco, y su intriga es insignificante y predecible.
Acabo. Quien creo que dio en el clavo en su crítica
cinematográfica de Que nadie duerma (¿y ese título?) fue Oti Rodríguez
Marchante, que escribió en ABC lo siguiente:
“Uno está erizado
mientras dura la historia, que la vive completamente dentro de Malena Alterio,
pero se sale de allí con la sensación de no haberla visto o vivido desde el
lado correcto”.
Estoy con Quim Casas (El Periódico), para quien
“hay en la película una suerte de documento de la realidad cotidiana, casi
costumbrista, que combina con una historia mucho más ambigua”.
Desconcertante escribió alguien sobre el film. Pues
eso: desconcertante.
(Otro que aporta mucho arte a todo esto es el actor Manuel de Blas, impresionante como el padre moribundo de la protagonista.)


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