Año 2023, se estrena una película pertinente, necesaria, artísticamente irreprochable, una película española moralmente justa, Te estoy amando locamente, de casi dos horas medidísimas de duración que supone el estreno como director del cineasta Alejandro Marín, autor de su magnífico guion junto a Carmen Garrido Vacas; una película situada en la España, en la Sevilla, de 46 años atrás, cuando el país salía de la noche de una dictadura y se adentraba en una democracia aún por hacer; una película fotografiada con arte por Andreu Ortoll dedicada a ponernos frente a frente de la extrema crueldad con la que hasta diez años después de aprobada la Constitución se trataba jurídicamente al colectivo de homosexuales, lesbianas y personas trans y del valor de quienes se rebelaron contra ello y recibieron el reducido apoyo de quienes de verdad les querían o eran capaces de comprender semejante drama infame. Porque la llamada Ley de Peligrosidad Social existió.
Cuando la vi tuve la misma impresión que nos cuenta el crítico
cinematográfico Luis Martínez en El Mundo, que la película de Marín “pertenece
a ese raro género de cine entre la reivindicación y el jolgorio que se disfruta
sin querer y divierte sin ofender” y es “tan disfrutable como efectiva, tan
dolorosa a ratos como oportuna”.
Oportuna, ya digo.
Te estoy amando locamente, que FilmAffinity
sitúa no solo como la décima mejor película del año 23 (en el mes de noviembre,
al menos), sino como la número 32 de entre las Mejores películas españolas,
está magníficamente interpretada por una descomunal Ana Wagener, la
madre del protagonista (si no es ella más bien la propia protagonista, en un
papel a la altura, por las similares características de su idiosincrasia, del
Jack Lemmon de Missing), muy bien secundada por quien interpreta a su
hijo, un acertado Omar Banana, pero también por una deslumbrante Alba
Flores, o los siempre genuinos Jesús Carroza y Manuel Morón.
Javier Ocaña, experto cinematográfico de El País, ve como yo en ella
“una película inspiradora, muy bien producida y aún mejor interpretada”,
también “un trabajo de una emoción desbordante”.
Inspiradora y emocionante: no se puede pedir más.


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