No puede concebirse Estados Unidos sin la comunidad afroamericana. La economía, la cultura, la historia o la propia identidad del país llevan en su ADN el color negro de una piel que fue esclava desde el siglo XVII hasta bien entrado el XIX.
Esclavitud
Ya en 1619, más de un millón de negros sufrían el
estigma indeleble en el nuevo continente. En el trayecto marítimo (con una
duración de diez o doce semanas) fallecían dos de cada cinco africanos,
víctimas de un negocio que pronto dominaron los negreros holandeses e ingleses.
Liverpool sumaba en 1795 un centenar de barcos dedicados a ese comercio
inhumano. Por entonces, más de 15 millones de personas habían perdido su
libertad y producían en condiciones de explotación horrendas.
El algodón no engaña, porque esa abyección hizo saltar la producción de la
fibra textil en el Sur desde mil toneladas en 1790 hasta un millón de toneladas
anuales en 1860. En ese período, los esclavos habían aumentado desde los
500.000 hasta los cuatro millones. En 1857, el Tribunal Supremo de Estados
Unidos consideraba con toda naturalidad que un esclavo llamado Dred Scott era
una simple propiedad y por tanto sus exigencias de libertad sólo podían
considerarse un disparate.
Desde la abolición al final de la Guerra
Civil estadounidense, en 1865, los afroamericanos siguen combatiendo
otras formas más brutales (el Ku Klux Klan congregaba
cuatro millones de miembros en los años veinte del siglo pasado) y más sutiles
de discriminación; por ejemplo, el 40% de los presos de Estados Unidos son
negros (sobre un total de 2,2 millones de personas encarceladas) y cerca del
30% sufren pobreza severa.
Soul
La explotación salvaje de los negros es una
herida abierta. Cada vez más voces reivindican el protagonismo
de millones de víctimas del racismo en la construcción del
país y se abre paso el debate sobre las compensaciones
pendientes por la esclavitud.
Una de las primeras y más contundentes reclamaciones
la lanzó hace casi medio siglo el grupo góspel The Staple Singers,
con la canción When Will We Be Paid? (‘¿Cuándo
nos van a pagar?’). La pieza aparece en We´ll Get Over,
su segundo elepé con el sello Stax, publicado en 1970. No registró un éxito
notable ni tampoco ha logrado erigirse como un himno, a diferencia de clásicos
como We Shall Overcome. Sin embargo, puede comprobarse la fuerza
expresiva de este tema en la película Soul to Soul (1971),
documental sobre un concierto que ofrecieron en Ghana varios músicos
afroamericanos de primera fila. Uno de los
cantantes, Roebuck “Pops” Staples, había nacido en
el Delta, en 1914, y entonó desde niño los cantos de trabajo en la Plantación
Dockery, donde bregaba en los campos de algodón
En esta canción, escrita por Randall
Stewart, se explica con toda claridad la exigencia:
“¿Cuándo
nos van a pagar por el trabajo que hemos hecho? / ¿Cuándo nos van
a pagar por el trabajo que hemos hecho? / Hemos luchado en vuestras guerras en
todas partes / Para mantener este país libre, a todos, mujeres, niños y hombres
/ Pero cada vez que pedimos un pago o un préstamo / Entonces todo parece estar
mal / Hemos recibido palizas, nos han insultado, disparado y apedreado / Cada
vez que lo hacemos bien / Alguien dice que estamos equivocados / Dime: ¿Cuándo
nos van a pagar por el trabajo que hemos hecho? / ¿Cuándo nos van a pagar por
el trabajo que hemos hecho? / Escucha: Hemos trabajado este país de costa a
costa / Nuestras mujeres cocinan toda tu comida y lavan toda tu ropa / Recogimos
algodón y pusimos el acero del ferrocarril / Trabajamos con nuestras manos
hasta desollarnos en tu aserradero / Dime: ¿Cuándo nos van a
pagar por el trabajo que hemos hecho? / ¿Cuándo nos van a pagar por el trabajo
que hemos hecho? / ¿Estaremos alguna vez orgullosos de ´Mi país, es tuyo´? /
¿Cantaremos alguna vez con fuerza ´Dulce Tierra de la libertad´? / ¿Cuándo nos
van a pagar por el trabajo que hemos hecho? / Quiero saber, Yo quiero, quiero,
quiero saber (cuándo, cuándo, cuándo, cuándo) / ¿Cuándo nos van a pagar por el
trabajo que hemos hecho? / ¿Por qué no nos pagan? /Oh, oh, ¿cuándo, cuándo
vamos nos van a pagar? / Hemos renunciado a nuestro sudor, ahora, y a todas
nuestras lágrimas / Hemos tenido esta vida durante más de 300 años /
Yo, quiero saber, el trabajo que hemos hecho”.
La canción exige reparaciones económicas
tras siglos de opresión, odio y muerte. Es un grito que reclama el
pago compensatorio a los esclavos, un debate más del presente y del futuro que
del pasado. The Staple Singers cantó la historia de su comunidad, desde la
esclavitud, con aliento combativo y siempre en primera línea de la lucha por
los derechos civiles.
El texto de ‘¿Cuándo nos van a pagar?’ se inspira en el discurso que
pronunció Martin Luther King, en 1963, en
Washington, cuando dijo ante una multitud:
“Cuando
los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la
Constitución y de la Declaración de Independencia, estaban firmando un pagaré
del que todo americano iba a ser heredero. Este pagaré era una promesa de que a
todos los hombres —sí, a los hombres negros y también a los hombres blancos— se
les garantizarían los derechos inalienables a la vida, a la libertad y a la
búsqueda de la felicidad. Hoy es obvio que América ha defraudado
en este pagaré en lo que se refiere a sus ciudadanos y ciudadanas de color.
En vez de cumplir con esta sagrada obligación, América ha dado al pueblo negro
un cheque malo, un cheque que ha sido devuelto marcado “sin fondos”.”
Estas palabras reflejan el devenir de un colectivo
apaleado que contribuyó de forma transcendental a la historia y cultura
estadounidenses. Tras arrancarlos de sus hogares en África, aquellos seres
humanos fueron desplazados hasta las colonias y convertidos en esclavos.
Luego evolucionaron hasta convertirse en mano de obra barata
y carne de cañón. Ahí está buena parte del secreto económico de la
superpotencia.
[Este
artículo fue publicado por vez primera en la revista Anatomía de la Historia,
que yo dirigí, el 21 de junio de 2017]

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