Mercedes Formica Corsi, nacida en Cádiz en 1916, se rebeló contra su propia ideología (o se enfrentó a las ideas de sus iguales). Ubicada en el núcleo, no se sabe si duro, del falangismo femenino, un día, muchos años después, vería que aquello era absurdo –la inferioridad jurídica de la mujer española– y actuaría en consecuencia.
Viviendo entonces su familia en Sevilla, Mercedes se matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad de la ciudad hispalense, siendo la primera mujer que lo hacía en aquel distrito universitario. Era el año 1932, y la joven estudiante se empapó del crispado y politizado ambiente estudiantil. Poco después presumía del pedigrí de haber asistido al acto fundacional del SEU (y, así mismo, al primer congreso de este sindicato de estudiantes fascista). Integrada muy pronto en los órganos falangistas, fue ponente en el primer congreso de su sindicato con una idea que tituló "Bolsa del libro de texto", abogando por la reutilización de los libros por los estudiantes con menos medios económicos. Figura ya destacada del sindicato, asistió, junto a Pilar Primo de Rivera –fueron ellas las dos únicas mujeres que lo hicieron–, al acto fundacional de Falange Española en el Teatro de la Comedia de Madrid, un día de octubre de 1933.
No obstante, al margen
de su actividad política compatibilizó ésta
con su presencia en los grupos más "snobs"
y estrambóticos, formando parte de una inefable “tribu urbana” –que diríamos hoy– compuesta por jóvenes estrafalarios que solían organizar unas extrañas "visitas literarias".
La de aquella primavera había consistido en hacer acto de presencia en los cementerios de la capital,
dando rienda suelta, frente a las tumbas bañadas por la luna, a curiosos
excesos poéticos.
Estallada la Guerra Civil, y tras escapar de
la zona republicana, arribó a Sevilla donde, escandalizada por la represión de Queipo
de Llano, logró conseguir ante el general el perdón –y la salvación in
extremis – para el ya condenado Jorge Guillén, el poeta castellano. De nuevo
no estuvo de acuerdo con la continuidad de su partido tras la certeza de la muerte
de su fundador, insistiendo y opinando que la Falange debía desaparecer ante la
muerte del líder. A partir de aquí, Mercedes Formica fue un "dolor de
cabeza" para la Falange y, después, para el régimen, al ser una de ellos y,
por lo tanto, intocable. Antes de su gran escándalo
periodístico (del que se habla más adelante), ya se había prodigado en la prensa,
dirigiendo la revista de la Sección Femenina Medina, con desvíos a la literatura
con textos destinados a la colección La Novela del Sábado, escudada en un seudónimo:
“Elena Puerto”.
Pero la gran campanada la dio con un artículo publicado en el diario
ABC y titulado ‘El domicilio conyugal’, un texto que iba a agitar las estancadas
aguas intelectuales del régimen franquista, el mismo al que pertenecía la autora.
Mercedes Formica sacaba a relucir en el citado trabajo un aspecto ninguneado por
el régimen, como eran los derechos –perdidos desde 1939– de la mujer española. Abogaba por la
reforma del código que subsanara esos abusos. El artículo fue “noticia”, así como
el deseo de su autora de una “reforma” urgente legislativa. No cayó bien en las
esferas más conservadoras, que criticaron y ridiculizaron a la autora, llamándola
“la Reformica”. Pero no se dio por aludida y continuó con su ofensiva, que pretendía
el cambio en el Código Civil vigente. Y lo consiguió, haciendo que posteriormente
se sustituyeran hasta 66 artículos de aquel casposo Código Civil, todos ellos incidiendo
en la situación discriminatoria de la mujer en aquel momento.
Fruto de toda aquella polémica fue su primer libro sobre el tema: A instancia de parte, aunque al mismo tiempo, Mercedes Formica continuó su vocación literaria con, por ejemplo, el género biográfico inaugurado con La hija de don Juan de Austria (que fue premiada por la Real Academia Española), seguida de Monte de Sancha y Collar de ámbar. Años después, liberada de familia y régimen, emprendió la publicación de sus interesantes memorias en cuatro volúmenes bajo el título de Visto y vivido. Falleció a una edad avanzada, en 2002.


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