“La improvisación me gusta por escrito”. Así comienza el guionista Roberto Villar Blanco un artículo suyo para el Anuario de cultura digital 2022 de Acción Cultural Española (AC/E), un artículo titulado “El guión detrás de todo. El protagonismo y evolución del guión como soporte de toda puesta en escena”.
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| Roberto Villar ante una de sus pinturas. [Foto de Jesús Pozo.] |
La vida misma responde no a uno si no a innumerables guiones. Toda la cultura, sin ir más lejos: “el guión nos escribe”.
Sin guión se puede hacer una película, pero no sin un plan; como nos enseña
el cineasta Víctor Erice.
Ese guión de nuestras vidas no es un camino que nos venga dado, no hay un
destino determinante. Lo que hace nuestro guión es evolucionar, cambiar,
corregirse, empeorar, mejorar, brillar, oscurecerse…
Aquí se ha venido a hablar del “protagonismo y evolución del guión como
soporte de cada puesta en escena”. Y el autor dice certificar una creencia por
medio de una “afirmación sincera”. Lo hace dirigiéndose a profanos, no a
profesionales del guión: no es el suyo un texto para guionistas, especialmente.
Estamos contenidos en un guión”, porque “no somos más que ficción”,
entendida la ficción como una visión propia e intransferible de la llamada realidad.
La realidad no existe: “lo que existe son trampantojos de realidad”. Como
siempre, recibimos y modificamos lo que intentamos hacer pasar por real. La
objetividad no existe tampoco. Escribimos guiones de la realidad.
Sabemos por la neurociencia que lo que conocemos de la existencia, de la
nuestra especialmente, es decir, nuestra conciencia, “es el resultado de una
alucinación de nuestro cerebro”. Alucinante. Llegamos a acuerdos con esas
alucinaciones, y esos acuerdos son los que conforman lo que llamamos realidad.
nuestros cerebros hacen, cada uno, su propia “conjetura de la realidad”, y a
esa conjetura de la realidad Roberto Villar se arriesga, osa y lo llama guión.
“Todos somos guionistas
conjeturando la realidad”.
Cada guión tiene una estructura: para el escritor y guionista David Mamet,
nuestra vida es un drama que, como tal, se divide en tres partes: “érase una
vez”, “pasaron los años” y “entonces, un día”. Lo de planteamiento, nudo y
desenlace de toda la vida.
En definitiva, los guionistas escriben determinados por los guiones
de las vidas, de las suyas propias, de las de los demás. Leen, escuchan, ven.
Luego escriben guiones.
Los seres humanos “improvisamos maravillosas y continuas espontaneidades”.
Nuestro inconsciente “es un gran contenedor de guiones”, de manera que todo
guión es, a la vez, consciente e inconsciente. Elementos agazapados salen a la
luz cuando improvisamos, porque “improvisar es un recurso de la inteligencia”.
Hasta ellas, las improvisaciones, tienen sus propias reglas.
“La memoria es siempre una
reinvención”.
[He escrito la palabra guion con tilde, guión, para agradecer a Roberto Villar su texto, en el que él mismo comienza advirtiéndonos de que usará en él esa forma de escribirla. GUIÓN.]


Muchísimas gracias, José Luis. Pronto nos sentaremos a charlar sobre estos y otros temas. Abrazo grande.
ResponderEliminarA veces soy anónimo, pero, en este caso, soy Roberto Villar.
EliminarHay mucha tela que cortar. Y contar.
EliminarAfilo las tijeras en agosto y a la vuelta nos vemos.
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