La poesía, la música y el cine son la luz sin la cual no existiría nada. La película El imperio de la luz (cuyo título original es Empire of Light) es el noveno largometraje dirigido por el estupendo cineasta británico Sam Mendes, el primero escrito completamente por él.
Estrenado en 2022 y con una duración de dos horas, El imperio de la luz
cuenta no sólo con un guion excelente y una dirección sensacional, sino con una
fotografía brillantísima, a cargo del reputadísimo Roger Deakins, y con una
interpretación absolutamente descomunal de la actriz británica Olivia Colman,
relativamente bien secundada por Micheal Ward.
Ese haz de la luz que consigue proyectar las películas en las pantallas de los cines es la evasión, es la huida… Y este drama romántico (con transfondo social, racial) es un homenaje evidente al arte cinematográfico, al disfrute cinematográfico, pero sobre todo es un hermoso canto, conmovedor, a perder el miedo al deseo de volar. Un poema musical y cinematográfico dedicado a la capacidad de huida hacia donde intuimos que la felicidad no es capaz de esconderse.
“La cámara nos muestra la elegancia y belleza de ese animal en peligro de
extinción que es una gran sala de cine y la enorme vida de trastienda que
guarda en sus interiores”, escribe el crítico cinematográfico Oti Rodríguez
Marchante en ABC. También estoy de acuerdo con lo que podemos leerle a Blai
Morell en Fotogramas:
El imperio de la luz “es cine a contracorriente que pide un acto de fe al espectador: que deje el cinismo en la puerta (...) y que abra su corazón para gozar de una película que trata de hacer nuestras vidas un poco más dichosas”.


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