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Argentina gana en el invierano de su descontento su tercer Mundial (de fútbol)

Dieciocho de diciembre de dosmilveintidós: correr (no) es de cobardes, las espadas estuvieron en todo lo alto, te sientas a disfrutar y como siempre vas con uno de ellos, es imposible que sea Francia por muchas razones, ninguna futbolística, es difícil que vayas con Argentina salvo si no fuera balompié…

Mbappé se escribe con dos pés y Messi con dos eses. Que gane el mejor y ganó la Argentina de la Máquina, de Rattín, de Kempes, Maradona y Lionel (que es Leo, no como yo, que soy Tauro y un tuercebotas con las medias naranjas).

Catar y la ignominia de una organización criminal que organiza el mayor espectáculo del mundo que algunos se niegan a ver (pero lo ven, como aquel árbitro español: con el rabillo del ojo). Catar y un Mundial fuera del tiempo. En el tiempo exacto. Con los corazones aun vivos. 

Catar no es con cú. CucurrucucúPaloma mostraban las rojas camisetas soviéticas en el primer Mundial mexicano. (No se dice Mundial, que es Copa del Mundo / por qué tú lo digas).

Valdano, perdóname, porque no sé lo que escribo. Messi, ahora sí, vete ya. Por favor. Eres el mejor jugador de los últimos tiempos. Porque estos son los últimos tiempos. Pero no por tu culpa.

La que ha ganado es la Argentina de Di Stéfano, que fue argentino hasta que le dio la gana ser sólo eso.

Kylian, qué difícil es que te hagas querer, aunque seas una gacela casi de ébano que devora panteras y guepardos. Leo, ten piedad de Cristiano. Ahora y en la hora de la FIFA.

Amén.

Se me olvidaba: no hay enemigo pequeño. Y el fútbol es un deporte que juegan once contra once y siempre gana…

Todo ha sido un juego.

(A Luis Enrique, que le partieron la cara dos veces en dos Mundiales distintos.)

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