Del año 2018 es la novela El silencio y los crujidos, otra obra literaria considerable escrita por Jon Bilbao.
Me repito: Bilbao,
vaya por delante, es un narrador prodigioso. Un narrador que necesita
establecer diques entre sus narraciones aunque estas narraciones den en ser,
como es el caso, una novela. El silencio y los crujidos tiene un
subtítulo delator: Tríptico de la soledad. Y tres son las soledades, por
encima de donde habitan los demás seres humanos, que protagonizan tres hombres
en tres tiempos históricos distintos, los lejanos medievales de la
Constantinopla imperial y bizantina, los de finales de la década de 1960 del
siglo pasado y los de casi nuestros días de este siglo XXI tan lleno de miedos
y telarañas sobre las esperanzas. Tres escenarios: aquel Bizancio a medio
camino de Europa y Asia, la América del Sur gigantesca y nuestra pequeña España
insular en lo balear. De las tres historias que se unen, pero que son a su vez
tres novelas cortas dentro del ensamblaje meritorio que hace con ellas Bilbao,
la lectura de la primera estuvo a punto de hacerme desistir de finalizar la del
libro. Afortunadamente no lo hice porque si la tercera es una narración
excelente la segunda lo es aún más y vale por sí sola para que yo acabe
recomendando el esfuerzo de disfrutar de El silencio y los crujidos y su
tríptico de la soledad: el vivido serenamente desde lo alto de una columna, el
sobrevivido científicamente en la cima de un tepuy y el habitado decididamente
en el interior de una torre.
“Sea como sea, El silencio y los crujidos es un libro sereno y feroz al mismo tiempo, tremendo y potente en sus significados pero sin estridencias ni aspavientos retóricos, sutil pero nada tramposo, subversivo y transgresor pero sin incurrir en ningún vandalismo literario. Una pequeña maravilla. Una consagración”. Los Libreros Recomiendan (Las Librerías Recomiendan)

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