El pasado está repleto de verdades que hoy ya son mentira. Respecto del pasado, respecto de la historia, la tendencia humana es doble: o bien comportarse como si el pasado no hubiera tenido lugar nunca o por el contrario hacerlo presente continuamente.
“Por
mucho que el pasado no determine totalmente el presente, sin aquél, éste permanece
ininteligible”.
Marc
Bloch
¿Historia o memoria? El
historiador José Antonio Pérez Pérez se
preguntaba, con motivo de una conferencia suya sobre el terrorismo en el País
Vasco, si lo que desea (y necesita, añado yo) una sociedad civil (la nuestra,
sin ir más lejos) es enfrentarse a su pasado “desde una perspectiva que trate
de analizar de una forma crítica y rigurosa lo ocurrido a partir del análisis
de los hechos” o dejarse “llevar por una memoria que en muchas ocasiones trata
de acomodarse al discurso dominante para tranquilizar su conciencia”.
«Lo
que se adhiere a la memoria son esos pequeños fragmentos extraños que no
tienen principio ni fin».
Tim
O’Brien
No
hay mejor manera de derrotar al olvido que la Historia.
La
Historia es necesaria, pero no ha hallado sentido alguno a la historia.
[…]
Leo
en la novela Infierno, Purgatorio, Paraíso, de Jordi Ibáñez Fanés,
publicada en 2021 (en la cual, un personaje considera que “la Historia es el
verdadero estado de vigilia de la inteligencia y la única posición desde la que
la actualidad se vuelve inteligible”), que “la Historia es racionalidad a
destiempo”: lo que hacemos los seres humanos es elegir entre novela o historia,
entre narración o información, entre imaginación o explicación, o bien
mezclamos una cosa y la otra.
Este texto pertenece a mi artículo ‘El pasado debe estar en algún sitio’, publicado el 21 de junio de 2022 en Nueva Tribuna, que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.
[arte de Martha Walter]

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