Segunda Guerra Mundial. España. 1941. Cuando en junio de ese año tuvo lugar la invasión alemana de la Unión Soviética, el escoramiento anticomunista y profascista de la política exterior española alcanzaba sus más altas cotas posibles.
El ministro
de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer (la más destacada personalidad del
cuarto Gobierno franquista), aprovechó ese acontecimiento para acometer la
clase de acción a la que el dictador Francisco Franco se resistía: participar
de forma directa en la guerra del lado alemán. ¿Cómo? Facilitando el envío de
un cuerpo expedicionario del Ejército español para integrarse en las Fuerzas
Armadas alemanas por medio de la apertura de oficinas de reclutamiento.
Serrano Suñer hace el 7 de junio, al grito de ¡Rusia es culpable!, el anuncio oficial de la formación de la División Española de Voluntarios (en su denominación oficial), que tendrá lugar el día 26. El 13 de julio sale de Madrid hacia Alemania el primer tren con voluntarios de dicho cuerpo de ejército.
Los miles de
voluntarios (reclutados por el partido único Falange Española Tradicionalista y
de las JONS, de cuya Junta Política era Serrano Suñer presidente) de la que
daría en llamarse División Azul lucharían en el frente ruso hasta 1944, aunque
un año antes ya se había retirado la mayoría de ellos. De los en torno a 47.000
divisionarios fallecerían unos 5.000, dos millares acabarían su participación
en el conflicto con alguna mutilación y unos 500 serían hechos prisioneros y
retenidos en la Unión Soviética hasta 1954.
Aquellos
voluntarios que integraron la División Azul en un principio habitualmente estuvieron
movidos por cuestiones ideológicas pero a medida que pasaba el tiempo cada vez primaron
más las razones pecuniarias.
Al frente de
la División Azul (integrada en el Ejército alemán como División 250 de la
Wehrmacht pero sujeta a un mando propio) estuvo el general y ex ministro
Agustín Muñoz Grandes hasta que, en diciembre de 1942, fuera sustituido por el
general Esteban Infantes, meses después de que Franco supiera que le había
criticado abiertamente (aunque, paradójicamente, cuando regrese a España en
febrero de 1943 no solo le ascienda a teniente general sino que le nombrará
jefe de su Casa Militar, eso sí, sin mando directo sobre tropa alguna).
Los
voluntarios que combatieron en la División Azul siguen siendo considerados por
muchos como héroes malditos y por no pocos como criminales de guerra.
Evidentemente, no fueron ni lo uno ni lo otro.
[Textos elaborados a raíz de mi libro El franquismo (Sílex ediciones, 2013): datos revisados]


Comentarios
Publicar un comentario
Se eliminarán los comentarios maleducados o emitidos por personas con seudónimos que les oculten.