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22 de junio de 1981: la ‘ley del divorcio’ y ‘la Casa de la Pradera’


España. Estamos en los últimos años de lo que conocemos como la Transición. La democracia ya es una realidad y continúa gobernando Adolfo Suárez, el primer presidente elegido por la ciudadanía tras la muerte del dictador Francisco Franco.

1980, septiembre. La respuesta de Suárez a las constantes demandas socialistas de un gobierno de coalición, de concentración, fue muy simple: formar un nuevo Gobierno basado como siempre en su propio partido, Unión de Centro Democrático (UCD). El día 9 de ese mes comenzaba la corta vida del último gabinete de Suárez, donde todas las tendencias de UCD, “ideológicas y políticas” a decir de El País, tenían cabida, como no podía ser de otra manera en aquel ambiente de agitación intrapartidista, si bien los grandes perjudicados fueron los democristianos. Dos ausencias eran especialmente significativas, las de Fernando Abril Martorell (que con la presentación por quinta vez de su dimisión en agosto, esta vez sí aceptada por el presidente tras la presión ejercida por los otros barones durante La casa de la Pradera, había desencadenado toda la crisis gubernamental que dio en este quinto gabinete de Suárez) como vicepresidente segundo y ministro de Economía y las de los democristianos Marcelino Oreja Aguirre (ministro de Asuntos Exteriores desde 1976) e Íñigo Cavero (ministro de Justicia). Serán sus sustitutos, respectivamente, Leopoldo Calvo-Sotelo −que a la segunda vicepresidencia, unía como lo había hecho Abril Martorell, el Ministerio de Economía, José Pedro Pérez-Llorca y Francisco Fernández Ordóñez.

Junto a Fernández Ordóñez, los nuevos ministros designados fueron Rodolfo Martín Villa (ministro de Administración Territorial), Pío Cabanillas (adjunto al Presidente), Félix Manuel Pérez Miyares (en lugar de Sánchez-Terán, en Trabajo), Alberto Oliart (en Sanidad) y Eduardo Punset Casals (ministro para las Relaciones con las Comunidades Europeas, cargo que desempeñaba Calvo-Sotelo en el anterior ejecutivo). La reunión llamada La casa de la Pradera había tenido algún éxito, según parece.

Fernández Ordóñez actuará decididamente para dar un nuevo impulso a la reforma del Código Civil en materia de matrimonio que acabará por proyectarse un año después en la Ley por la que se modifica la regulación del matrimonio en el Código Civil y se determina el procedimiento a seguir en las causas de nulidad, separación y divorcio: la disputada e inexplicablemente polémica norma conocida como ley del divorcio cuya tramitación parlamentaria y definitiva aprobación en junio del año 81, ya gobernando Calvo-Sotelo, para dejar UCD casi completamente roto.

¿Qué era aquello de La Casa de la Pradera?

Vayamos a los días 7, 8 y 9 de julio de 1980, cuando se reunía la Comisión Permanente de UCD en una finca de un municipio del norte madrileño, Manzanares el Real, en lo que dio en llamarse pronto por los medios informativos La casa de la Pradera (sic, remedando la serie televisiva estadounidense que tanto éxito tenía en España por aquel entonces). Los asistentes fueron además del propio presidente los llamados barones del partido gubernamental, pocos de ellos fieles a Suárez: Abril Martorell, Martín Villa, Calvo Ortega, Landelino Lavilla, Pío Cabanillas Gallas, Fernández Ordóñez, Joaquín Garrigues Walker (quien fallecería antes de que acabara el mes, por cierto), Fernando Álvarez de Miranda, Pérez-Llorca y Rafael Arias Salgado. Las discusiones fueron de tal calado y la desconsideración que, según contaría años más tarde Suárez, se tuvo hacia su persona, hacia su valía personal incluso, no ya sólo política, resultó tan descomunal que allí el entonces jefe del Gobierno debió de sentir ya sí toda la fuerza de la realidad en la que se movía, la de gobernar sin tino un partido compuesto por príncipes que en su mayoría le tenían a él por un empleado que ya había cumplido su misión y que era a todas luces inservible y amortizable.al y como señalara el historiador Fernando García de Cortázar, “toda la unaniidad lograa por Adolfo Suárez en torno a las grandes cuestiones de la ustituciódel régimen franquista se deshizo cuando llegó el trance de llevar el cambio democrático a la vida cotidiana de los españoles”.

1981

22 de junio: el Congreso de los Diputados aprueba la reforma del Código Civil en materia de matrimonio, conocida como ley de divorcio, que ya había provocado en marzo y vuelve a hacerlo ahora la indisciplina parlamentaria centrista cuando los hombres de Fernández Ordóñez votan con la oposición.

7 de julio: de ese día es la Ley 30/1981, por la que se modifica la regulación del matrimonio en el Código Civil y se determina el procedimiento a seguir en las causas de nulidad, separación y divorcio (la ley del divorcio).

Este texto ha sido escrito valiéndome de lo que ya escribí en mi propio libro La Transición, publicado en 2015 por Sílex ediciones.

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