Drive my car es el título de una de las maravillosas canciones de los inmortales Beatles. También el de una película japonesa (en realidad es Doraibu mai kâ, pero se la conoce en todo el mundo con su nombre inglés) de tres horas de duración, estrenada en 2021, que ha logrado prestigiosísimos galardones cinematográficos del nivel del Oscar a la Mejor película internacional o el Globo de Oro y el BAFTA a la Mejor película de habla no inglesa. Ahí es nada.
Ryûsuke Hamaguchi dirige Drive my car, que
es otro film sobre la pérdida y la aceptación, también es el responsable, junto
a Takamasa Oe, de su guion, la adaptación del cuento homónimo de su compatriota
el escritor Haruki Murakami (contenido en su libro de relatos de 2014
titulado en español Hombres sin mujeres), y utiliza con cierto tino la
espléndida música de Eiko Ishibashi, así como la acertada fotografía de Hidetoshi
Shinomiya y las actuaciones imagino que meritorias de Hidetoshi Nishijima, Tôko
Miura, Reika Kirishima, Sonia Yuan, Satoko Abe…
Considerada una obra maestra por la crítica cinematográfica, afortunadamente uno puede encontrar alguien que ha tenido el mismo problema al intentar disfrutarla: Carlos Boyero, quien dijo de ella en el diario madrileño El País que…
"No logro llegar al final, la modorra me invade
desde el principio. Qué manía la de alargar tanto las películas. Le ocurre
fundamentalmente a aquellas en las que el director no sabe contar una historia
o esta carece del menor interés."
(Yo sí logré llegar al final,
no sin esfuerzo.) Dolor y resiliencia expuestas sobre (no dentro de) unas
imágenes que, en ocasiones, eso sí, alcanzan la categoría cinematográfica que
en realidad le falta al para mí tedioso y larguísimo largometraje. Tan japonés,
creo.
Me sigo quedando con la canción de Lennon y McCartney que cantaran Paul y John (con su propia música y la de George y Ringo, claro) allá por 1965, más de una década antes de que naciera Ryûsuke Hamaguchi.


Comentarios
Publicar un comentario
Se eliminarán los comentarios maleducados o emitidos por personas con seudónimos que les oculten.