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¿Eres de Wes Anderson? Atrévete con La crónica francesa


¿Puede un artista sacar de su cabeza, de su alma, todo lo que se le ocurra, sin freno, ocupando absolutamente todos los espacios en que va a plasmar esa obra suya que se le ha antojado para explicar el mundo o entretenerlo? Se ve que sí. ¿Debe? Esa es otra cuestión.

Año 2021. Segundo de la Gran Pandemia. El muy bien considerado por los expertos cineasta estadounidense Wes Anderson estrena su decimoprimer largometraje, The French Dispatch (of the Liberty Kansas Evening Sun), titulado en España La crónica francesa (del Liberty, Kansas Evening Sun). Ciento ocho minutos dura el film. Ciento ocho minutos que cuando los presencié aturdido se les convirtieron a mis sentidos en tres horas y media. Más o menos.

El propio Anderson es el responsable de su guion (¿el culpable?), basándose en una (enrevesada pero sencilla: sí, existe eso) historia ideada por él mismo y por Roman Coppola, Hugo Guinness y Jason Schwartzman. Y se vale de la espléndida fotografía de Robert D. Yeoman para contarnos lo que quiera que sea que nos cuenta.


Tras soportarla en el Festival de Cannes, el crítico cinematográfico Carlos Boyero (con quien tantas veces estoy de acuerdo, aquí también) escribió en julio de 2021 sobre La crónica francesa, sobre sus “casi dos horas de tedio infinito”, para el diario madrileño El País. Dijo cosas como esta: “en el retorno al castigo y el aburrimiento que depara la sala oscura, me encuentro con The French Dispatc’, dirigida por ese payasete sin gracia, sofisticado y vanguardista llamado Wes Anderson”.

No le tiembla el pulso, como es norma de la casa, al vitriólico Boyero (estoy con él, que conste uanmortaim), que se queda pasmado (no me extraña) “al constatar que Anderson se ha superado a sí mismo en niveles de disparate, gratuidad y bobería”. Para el crítico de El País existe un “ejército de modernillos que dicen adorar la obra de este fulano”, pero avisa de que en este caso “lo tienen crudo para explicarse, porque contárselo a sus improbables lectores requiere más esfuerzo que describir la física cuántica. Wes Anderson se supone que pretende narrar las esperpénticas aventuras de un director de periódico y otras historias entremezcladas o paralelas en la Francia de los años cincuenta. Todo resulta absurdo, inane y lerdo”. Se equivocaba Carlos Boyero. Se equivocaba. Aquí una muestra: Nando Salvá escribió en el diario El Periódico de esta película que es "la más amanerada y recargada de su carrera [de Anderson]. Hará que (...) sus ardientes seguidores -el arriba firmante se cuenta entre ellos- se sientan tan deslumbrados y fascinados como de costumbre". Es decir, que hay que ser de Anderson para disfrutar esta sarta de aciertos visuales desproporcionadamente esparcidos sobre una pantalla inconcreta.


Acierta nuevamente Boyero, siempre a mi ver, claro está, cuando añade que “ni siquiera te distrae la aparición de múltiples y reputados intérpretes del cine estadounidense y francés”: Benicio del Toro, Frances McDormand, Jeffrey Wright, Adrien Brody, Tilda Swinton, Timothée Chalamet, Léa Seydoux, Owen Wilson, Mathieu Amalric, Lyna Khoudri, Steve Park, Bill Murray, Saoirse Ronan…

Imagina el crítico que esos actores actúan en el film “por amistad o por admiración hacia Anderson, o creyéndose que la posteridad les espera por haber aportado algo al que consideran enloquecido y divertidísimo universo de un creador singular. Como si este fuera Woody Allen”.


En fin, si eres de Anderson, a por ella. Si no, ni te acerques. Si tienes curiosidad… Toda tuya La crónica francesa (del Liberty, Kansas Evening Sun).

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