No hay que fiarse mucho de la memoria. Ni de la propia, ni de la ajena. Pero sirve para escribir grandes poemas o novelas. O cuentos...
Existen hoy quienes quieren llorar lo que ya fue llorado. También quienes ignoran e incluso pisotean el dolor de aquellos humanos que sufrieron por su culpa.
La
memoria es una cosa magnífica: la Historia lo es aún más. La
Historia rehúye y demoniza el ytúmás, eso que la memoria
(histórica) usa como recurso permanente. La fascinación de la memoria acaba por
ser algo enfermizo que abomina de la colaboración humana universal: no es
neutral y mucho menos imparcial. La Historia no es tampoco neutral, pero sí
es imparcial. Y llegamos a las víctimas del pasado. A las del presente.
Como dice el gran intelectual que es Martín Alonso, “conocer los
procesos que llevaron a la catástrofe y comprender sus efectos materializados
en las víctimas adquiere un profundo alcance moral porque invita a mantener la
alerta ante eventuales derivas inciviles y contribuye a sostener sociedades
decentes”. Conviene recordar que no permitir la humillación de ninguno de sus
miembros es vital para cualquier sociedad civil que se precie.
Existe
un lado (oscuro) de las cosas que nos gustan que a menudo olvidamos contar. O
bien que desconocemos. En cualquier caso, hay que entender el pasado en su
propio contexto: ese es el trabajo de los historiadores, explicar ese contexto,
no usar lo que ocurrió como si fuera una antología poética.
La
Historia logra siempre sustituir lo que queremos por lo que fue.
[…]
Por
cierto, me gusta insistir en que contar cosas que ocurrieran en el pasado no
es escribir Historia. Ni siquiera es escribir sobre la historia, porque el
pasado, en sí mismo, no es historia: no es el objeto de estudio de la Historia.
El objeto de estudio de la Historia es la historia, que es el pasado
comprendido para poder ser explicado.
Contar
cosas que pasaron en el pasado, aunque le hayan pasado a uno, o se las
hayan contado a uno, no ayuda a comprender ni tampoco a conocer el pasado: sin
la herramienta cada vez mejor engrasada que es la Historia es imposible
comprender el pasado, saber historia, conocer mejor al ser humano.
Las gestas, por ejemplo. Casi todas las gestas del pasado empequeñecen cuando son explicadas por la Historia. Sin embargo, cuando se usan para aleccionar ciudadanos irresponsables resplandecen como lo que fueron para quienes participaron en ellas sin mover un dedo, una corona excelente de la que presumir ante otros como ellos.
Este texto
pertenece a mi artículo ‘La memoria, el pasado y nosotros’, publicado el
4 de marzo de 2021 en Nueva Tribuna, que puedes leer completo EN ESTE ENLACE.
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