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El servicio educativo de la docencia (hoy y mañana)


En un artículo de 2020, la pedagoga Omaira Esther Bolaño Muñoz se encargó de dejar por escrito algo cada vez más adherido al cuerpo y al alma de los sistemas educativos: “educar consiste en proporcionar las herramientas a los estudiantes para que estos construyan su propio aprendizaje”. ¿Educar hoy es eso, o debería serlo? ¿Podrá serlo con los mimbres de que disponemos?

Hablemos sobre las políticas docentes.

Lucas Gortazar (consultor de educación del Banco Mundial), en su artículo ‘La decepcionante propuesta de reforma del profesorado’ (El País, 1 de febrero de 2022), escribía reflexiones tan pertinentes como las que siguen:

 

“En España, las políticas docentes son las grandes olvidadas de la política educativa de las cuatro últimas décadas. El reciente informe de Presidencia del Gobierno España 2050 habla de ‘déficit de profesionalización’ y menciona las ‘carencias que están limitando nuestra capacidad para tener a los mejores profesionales posibles en cada aula’. Por ejemplo, la nota media de admisión a carreras de Educación está muy por debajo de la media y lejos de carreras STEM [ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas]. También se habla de las ‘carencias formativas de los docentes que, una vez incorporados al sistema, apenas se corrigen’: en comparación con sus pares de países vecinos, los docentes españoles son menos evaluados, tienen un menor reconocimiento por su desempeño, o no han sido tutorizados y acompañados”.

 

Sí, tiene razón Gortazar, “es mucho lo que hay en juego”. Máxime cuando, de los cerca de 700.000 docentes de Primaria y Secundaria que hay en España, más de un tercio va a jubilarse en la próxima década. Es inevitable dar prioridad absoluta en el ámbito educativo español a la transformación de la profesión docente. Y no es alarmismo.

La UNESCO, la propia ONU, considera urgente volcarse en estos asuntos. Porque el futuro no espera. Nunca lo hace.

En el Documento para debate: 24 propuestas de reforma para la mejora de la profesión docente, elaborado en enero de 2022 por el Ministerio de Educación y Formación Profesional, podemos leer:

 


“La comunidad educativa global, liderada por la UNESCO, abogó en el Foro Mundial sobre la Educación, celebrado en Incheon (República de Corea) en mayo de 2015, por el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4: Garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos, que sería adoptado por la Asamblea General de la ONU en la Agenda 2030 en septiembre de ese mismo año”.

 

Para alcanzar el objetivo en 2030, los participantes en aquel foro reconocieron de modo unánime la importancia del papel de los docentes para una enseñanza eficaz a todos los niveles y se comprometieron a “asegurar que los docentes y educadores estén empoderados, adecuadamente contratados, bien formados, profesionalmente capacitados, motivados y apoyados por sistemas con recursos, eficientes y bien gobernados”. Docentes empoderados. Quedémonos con eso.


En dicho Documento para debate… se afirma que “existe un amplio consenso en torno a la idea de que ningún sistema educativo será mejor que su profesorado”. Indudablemente.

Aunque los docentes españoles se caracterizan por tener una gran competencia profesional (eso dice en Documento), no podemos pasar por alto que “la educación se enfrenta actualmente a nuevos retos que exigen que todo el sistema, incluidos los profesores, se encuentre en las mejores condiciones para afrontarlos, debiendo incorporar nuevos elementos en la formación, en la selección y en el desarrollo profesional”.

Dos evidencias más. Una relacionada con los profesores (cuando se habla aquí de profesores se incluye a todos los miembros de la profesión docente, que conste). Otra con la máxima autoridad política en el asunto:

 

“Nuestros profesores requieren una formación inicial y permanente suficiente y adecuada, y necesitan también sentirse profesionalmente acompañados para reflexionar sobre su tarea y poder mejorarla. El Ministerio de Educación y Formación Profesional tiene plena conciencia de la necesidad de abordar de manera integral el modelo de desarrollo profesional docente que hoy requiere el profesorado y el avance de nuestro actual sistema educativo".

 

Y ahora es cuando comienza lo difícil, porque en esas es en las que está la actividad política en el ámbito educativo: tratando de volver a legislar y a dotar de elementos a una profesión que es uno de los principales ejes vertebradores de cualquier sociedad civil que se precie. Pero que no lo parece.

Finalizo. Dice el Documento… algo sumamente interesante (todo cuanto he leído en él lo es, claro):

 

“La motivación inicial del docente es determinante para la orientación futura de una carrera en la cual el docente debe considerar más importante el servicio educativo que presta a los alumnos que la simple enseñanza teórica. La mayoría de los profesores optan por la docencia porque consideran que es una profesión que contribuye a la mejora de la sociedad. En este momento es especialmente relevante impulsar políticas que mejoren la manera de acceder a la docencia y seleccionar al profesorado”.

 

Me quedo con eso de que el docente debe considerar más importante el servicio educativo que presta a los alumnos que la simple enseñanza teórica. Que sea nuestro mantra.

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