La película francesa Annette, estrenada este Segundo Año de la Gran Pandemia, 2021, dirigida por Leos Carax, es un musical escrito por los integrantes del interesantísimo e incesante dúo roquero-popero Sparks (los hermanos Ron y Russell Mael) de una larga duración (veinte minutos sobre las dos horas) que a mí me ha dejado anonadado. Para mal, sobre todo para mal, aunque no sólo.
Fotografiada de manera brillante, muy hermosa, por Caroline Champetier, Annette es una ópera de Sparks que Carax lleva a las pantallas de una manera apabullante, pero que adolece de una escritura cinematográfica insuficiente, pues al final lo que yo vi (siempre hablo de lo que yo vi, salvo cuando cito a los que de verdad saben) es una historia tremebunda que no me dejó más emoción que la que es capaz de dejar la música. Que ya es dejar.
El largometraje está interpretado por un ajustado Adam Driver y una
ensoñadora Marion Cotillard, también por un a mi modo de ver incompetente Simon
Helberg, y cuenta con unos minutos gloriosos de la niña Devyn McDowell, la
mejor aportación actoral al film.
A los críticos cinematográficos les pareció en general una película deslumbrante, pero hubo algunos que vieron en ella un desequilibrio insufrible. Leamos dos opiniones fundadas a favor, muy a favor, y dos en contra, muy en contra.
"Carax
deslumbra y vuela con Annette, una comedia musical turbia e ingrávida.
(...) la cinta en ningún momento abandona su estado de ensoñación magnética, de
sonambulismo bañado en ácido".
Luis Martínez (El Mundo)
"Fascinante Annette'. (...) una exuberante y desconcertante película".
Nando Salvá (El Periódico)
"La
película es excesiva y desequilibrada. Tiene ideas de una enorme belleza y de
una desafiante radicalidad (...) Hay, sin embargo, momentos en los que Annette
parece tomarse demasiado en serio".
Sergi Sánchez (La Razón)
"Me
resulta tan enervante e insufrible como la obra anterior [del director]. (...)
Reconozco que es esforzadamente original e inútilmente volcánica".
Carlos Boyero (El País)
Sonámbula, desconcertante, desequilibrada por excesiva, pretenciosamente original, enervante. Todo eso es esta película, para mí, a la que le salva su esencia, la poderosa y magnífica música de los californianos Sparks.




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