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La poesía es algo inútil, pero sin ella dejaríamos de existir

Andrés Seoane entrevista para El Cultural a Mircea Cartarescu, el escritor a medio camino entre serlo de culto y ser mainstream, el 26 de octubre de 2021.  


Y yo, que no he leído nunca a Cartarescu, ni de momento pienso, leo ahí en ese diálogo periodístico que el escritor rumano (nacido en 1956) admite la inutilidad de la poesía. Algo que le da una pequeña ventaja a modo de justicia poética, a la poesía: ser “lo único incorruptible que existe”. Precisamente por ser inútil.

Pero no sólo hay poesía en los poemas, esos almacenes de versos inútiles e incorruptibles.

 

“Un texto que no sea poético no merece siquiera ser leído. No existe la prosa realista. La lectura de una novela merece la pena por la poesía que contiene”.

 

La poesía: sin ella dejaríamos de existir, concluye Cartarescu.

 

“El aire no es el centro del mundo y lo ignoramos en nuestra vida cotidiana. No somos conscientes de que si nos faltara solo cinco minutos desapareceríamos de este mundo. Así de ubicua e invisible es también la poesía”.

 

El caso es que me han dado ganas de escribir un poema. Este, que no es un poema pero quisiera poder serlo, lo tenía ya escrito. Pero el poema ese, escribirlo, lo voy a escribir:

 

De todo lo que sería capaz de escribir ahora mismo nada relincharía más que el pasado en un urinario de Urano.

Sólo un verso que no tiene más aspiraciones que pasar a la posteridad como un post de Facebook merece ser pasto de las llamas peruanas.

Habría que especificar en los prospectos de los poemas que las palabras no siempre salen del alma de quienes las escriben.

Muchas necesidades de cuantos habitamos este mundo jactancioso y precario no serán jamás satisfechas.

Sabiendo lo anterior, la poesía no iba a tener ninguna gracia jamás. Ni siquiera la de los espíritus cándidos que creen aspirar con sus felonías literarias al Paraíso de los insolentes.

Y creo que ya está bien por hoy. Sed solenoides. No esperéis nada de Dios.

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