Existen los llamados antipedagogos. Normalmente son profesores que bien creen saber que su profesión nada tiene que ver con la disciplina del conocimiento a la que llamamos pedagogía, o bien consideran que quienes ejercen esta última, los pedagogos, son directamente imbéciles.
Carlos Marco es psicólogo.
También pedagogo. En su artículo ‘Ludificación
pedagógica’ (eldiario.es, 19 de octubre de 2021), lanza sus dardos contra los que
atacan ferozmente a los pedagogos, tal que así:
“Algunos antipedagogos, retrógrados, tienen una
serie de mantras, manipulados, con los que intentan desprestigiar las
innovaciones en el proceso de enseñanza y aprendizaje que proponen los pedagogos
renovadores. Algunas de las obsesiones tramposas de los antipedagogos
son pura caricatura decimonónica y otras puros delirios de estos. Hoy quiero
centrarme en criticar su constante impugnación de que es “un absurdo ludificar
y pretender devolver el placer a las aulas”, y que esto propicia un desprecio
del conocimiento en los centros de enseñanza, y que la escuela no está para
poner énfasis en la diversión y la felicidad, y que los colegios no son un
parque de atracciones que deban proporcionar placer aprendiendo”.
Innovación versus
tradición: así es como muchos ven el asunto este del agua o el humo que los más
veteranos dicen que los nuevos novatores se limitan a vender. Carles se
defiende, bajo el hilo argumentar de romper una enorme lanza a favor de la mal
llamada gamificación (él prefiere decirla ludificación):
“Anclados en el siglo XIX y XX, los antipedagogos
anti-renovación pedagógica no comprenden que el currículo es un microcosmos
de la sociedad. Constituye lo que la sociedad elige recordar de su pasado, lo
que cree sobre su presente y lo que espera y desea para su futuro. En tanto
retrospectivo como prospectivo se nutre de materiales y metodologías pedagógicas
que integran los nuevos avances tecnológicos y alientan a los alumnos a volver
la vista al pasado e imaginar un futuro mejor. La ludificación de la educación
en la era digital es un medio para el futuro del aprendizaje más adecuado que
el currículo tradicional de muchas asignaturas independientes. No estamos en el
siglo XIX ni en el XX: ambos tuvieron sus metodologías didácticas acordes con
el sistema productivo, los materiales y los desarrollos de diferentes
pedagogías. Lo mejor que puede decirse de cualquier proceso de aprendizaje es
que pone al alumnado en condiciones de un nuevo aprendizaje. Estamos en el
siglo XXI y los antipedagogos no se han enterado. Las nuevas estrategias
de enseñanza implican al estudiante en su propio proceso de aprendizaje
desterrando el aburrimiento e introduciendo el interés, porque toda
pedagogía que no tienda a la felicidad será vana y perjudicial”.
Ahora me queda por saber si Carles Marco es también profesor. O solamente es pedagogo. Algo que los que podríamos llamar tradicionalistas achacan a los pedagogos: que hablan de algo sobre cuya práctica lo desconocen todo. Teoría y práctica; ya sabes.

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