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A Karen no le salva ni Rosenvinge


Me resulta incomprensible que la afortunadamente breve película española de 2020 Karen tenga una más que aceptable, casi fascinante, interpretación de una primeriza (aunque de dilatada, y magnífica, carrera como música) actriz, Christina Rosenvinge, y sin embargo no pase de ser un pretencioso intento de convertir una ineludible voluntad de estilo en una obra de arte: cosa que en modo alguno es. Si acaso una fallida proposición cinematográfica repleta de simplezas y enormemente aburrida (pese a sus, ya digo, gracias a dios, menguados 65 minutos terriblemente largos). Hasta El sol del membrillo, el largometraje abrasadoramente tranquilo, lentísimo, de Víctor Erice, es más divertido que este insustancial film de apariencia maravillosa (su fotografía, de Ion de Sosa, sí está a punto de serlo).


María Pérez Sanz escribe (junto a Carlos Egea) y dirige Karen, cuya música es interpretada por la propia Rosenvinge.

Eso, sí, la película tuvo un esforzado apoyo a cargo de los profesionales de la crítica cinematográfica, algo que, afortunadamente para Pérez Sanz y Egea, yo no soy. Lee si no lo que escribieron sobre ella en estos cinco medios de comunicación…

 

"La película quiere ser esencialmente un ejercicio de cine levantado sobre el poder evocador de la imagen. Todo presume de una rara perfección".

Luis Martínez (El Mundo)

 

"Sorprendente, es una delicada y valiente evocación de Karen Blixen y su sueño de África. Concisa y minimalista, Pérez Sanz construye con muy poco una película llena de presencias, fantasmas y recuerdos".

Elsa Fernández-Santos (El País)

 

"La complicidad de Christina Rosenvinge con la directora es fundamental para esa apariencia de absoluta naturalidad que destila la película. Todo fluye de manera muy orgánica y sentida".

Quim Casas (El Periódico)

 

"Se sitúa lejos de las coordenadas del biopic. Lo más hermoso de Karen es su capacidad de dislocación: trata sobre Blixen, pero se impone otra presencia”.

Violeta Kovacsics (Cinemanía)

 

"Extraordinario ejercicio de orfebrería fílmica: se aproxima a la figura de Karen Blixen con espíritu heterodoxo, mediante una colección de gestos locuaces e imágenes de gran fuerza sensorial”.

Manu Yáñez (Fotogramas)

 

Por cierto, y ya acabo, mira lo que, ahora que caigo, se entiende cada vez más cada vez que alguien lee o escucha la palabra, el nombre, ‘Karen’ (Wikipedia mediante):

 

Karen es desde principios del siglo XXI un término peyorativo utilizado en los Estados Unidos, y desde allí en otros territorios anglófonos y en algunas regiones hispanohablantes para referirse a una irritable mujer que cree tener el derecho a exigir más de lo que es apropiado o necesario. Un estereotipo común es el de una mujer blanca racista o supremacista que usa su privilegio para lograr su objetivo a expensas de los demás”.

 

Nada que ver con la intención cinematográfica de mostrar como un ser sofisticado lleno de encanto a la Karen del film (la afamada escritora Karen Blixen, alias Isak Dinesen, la autora de Memorias de África), a la que da vida Rosenvinge, insisto, saliendo bien parada del atropello al que los cineastas la someten.

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